jueves, 18 de diciembre de 2008

mortimer

Cada noche le veía actuar desde el lateral del escenario. Aunque estuviera haciendo algo importante, cuando él entraba en escena me inventaba alguna tarea estúpida, como hacer y deshacer un nudo en una cuerda o rebuscar cualquier cosa en una caja. Pero en la escena del suicidio me quedaba paralizada, hipnotizada. Nadie más alrededor, ni entre bambalinas, ni en el patio de butacas ni en el escenario. Él actuando solo para mí hasta que los atronadores aplausos rompían el hechizo. Jamás entenderé cómo podían aplaudir, cuando yo en cambio era incapaz de mover un músculo.

Sin darme cuenta empecé a dejar flores en su camerino. Un clavel blanco cada noche que depositaba sobre la mesa, ante el espejo, justo al acabar la escena del suicidio y antes de que él entrara para cambiarse. Dios, lo que habría dado por ver su cara al descubrirlo.

Una vez le sorprendí besándose con la actriz protagonista. No, no formaba parte de la obra ni ocurrió en el escenario, sino en los pasillos, en un rincón. Sentí un impulso irreprimible de lanzarme sobre él y abofetearle, de darme a conocer. En lugar de eso, registré su camerino en busca de pruebas que demostraran, como yo creía, que no se trataba más que de un calentón producto del roce en el trabajo diario. Miré en los cajones, en los bolsillos de su chaqueta, dentro de su bolsa de deporte… Encontré su móvil. Las últimas cinco llamadas eran al mismo número. Lo marqué y esperé. Escuché la voz de la actriz diciendo que dejara un mensaje porque en ese momento estaba ocupada. Ocupada, la muy puta. Tiré el móvil a la papelera, y en su fondo encontré ajados tres claveles blancos.

Y por eso cambié los cuchillos. La de esta noche será la mejor actuación de toda su vida, y además será la última actuación de toda su vida. Nadie más que yo sabe por qué esta noche le he dejado un clavel rojo.

14 comentarios:

koldo dijo...

Bueno, creo que casi se salva el hombre, pero vaya susto.

Helter dijo...

Seguramente han exagerado el tema, el periódico que ha hecho público el caso es algo amarillento y dicen que le dieron el alta al tipo el mismo día, así que tan grave no debía ser. Pero me ha recordado otros casos, como el del hijo de Bruce Lee, Brandon, en El cuervo, que se les coló una pistola con balas reales en una escena y tuvieron que acabar la peli como pudieron. O Vic Morrow, que se le cayó un helicóptero en la cabeza.
Ya lo dijo Anna Lizaran: "el teatro es la mentira más verdadera".

berdt dijo...

encuentro altamente interesante su blog, la historia de mortimer es francamente apasionante.

He de decir que la historia del doctor, el dedo, y el culo, la conocía como chiste, nunca en ese formato de relato.

Un cordial saludo.

Harry Sonfór dijo...

Oiga, Helter, que le voy a contar una historia sobre los cuchillos de hoja retráctil de esos que usan en el teatro. Que también los utilizaban los cazadores de brujas europeos cuando lo de la inquisición. Eran unos puñeteros los cazadores de brujas. Iban a los pueblos y cobraban una cantidad por cada bruja que encontraban, así que llevaban encima ese cuchillete y hacían la prueba sobre la piel de las supuestas brujas. Como la hoja se metía en la empuñadura, la supuesta bruja no sentía nada. Prueba irrefutable de que era bruja, que las brujas tenían zonas del cuerpo insensibles por la cosa de haber tenido comercio carnal con el demonio, mire qué cosas. A la supuesta bruja la procesaban y el cazador de brujas se sacaba sus perricas y hale, a otro pueblo.

Badil dijo...

¡Que joputas!

Helter dijo...

Me alegro de que le haya gustado, berdt. Ahora que ya sabe dónde está el mueble bar, ya puede volver cuando quiera.

Harry, en Altafulla lo que molaba como detector de brujas era el vello. Cuanto menos vello, más bruja. Amos, que yo no habría tenido ningún problema.
Ni lavadoras, ni píldoras, ni tampax. El invento del milenio es la cera depilatoria.

¡Oles su concisión, Badil!

ludovico dijo...

Sra. Morticia ¿conoce ud. bien Altafulla? Hace muchos años había un restaurante en el casco antiguo, que era una casa con patio con árboles rodeada de un muro de piedra, donde fuimos a cenar "my wife and me" un cunill espatarrat a la brasa con almendras picás c o j o n u d o.
Años después volví y estaba cerrado ¿qué lo conoce?

Helter dijo...

Pues no tengo el placer. Es que tengo familia allí y cuando vamos no solemos ir a comer fuera. Preferimos la vedella amb bolets de la tía Roser. C o j o n u d a.

Harry Sonfór dijo...

Qué mona la chica del Colgate, oiga.

Miranda dijo...

Allí creo que me he corrido alguna juergoncia, Ludovicus.
http://www.faristol.extendnow.com/CAT/who.html

Con The Scholars, que hacían un curso en verano que era la monda.
Yo estuve dando unos gritos en plan concier fin de curso y aquello era la repanocha.

Ahora David se ha comprado un latifundio en Girona y dejó el chalete de Altafulla que era como una especie de terraza de Babilonia.
La monda todo en general.

Beso.

ludovico dijo...

Gracias Miranda, pero me temo que no era ése el restaurante. La casa sólo tenia 1 planta y era antiguo pero más sencillo.

Miranda dijo...

Entonces igual era "El Patio".
Que como su nombre indica tiene patio y árboles y de todo.

Cocinaban de muerte y asequible.

Ksss

Harry Sonfór dijo...

Oiga, Helter, que me gustan un montón los Tarakos esos. Los gusanacos esos con cara de bebé, me refiero. Que si sabe qué son, que llevo un rato viendo vídeos de los gusanacos moviéndose, avanzando en formación, formando filas y girando y cada vez me gustan más.

Helter dijo...

No me fiaría yo un pelo, Harry, tienen aspecto de ser una especie extraterrestre que nos ha invadido. Su plan es infiltrarse en la cama de nuestros líderes, en su intimidad, tras lo cual nos devorarán sìn piedad.