viernes, 2 de mayo de 2008

teléfono


- ¿Cómo vas vestida?
Me miré de arriba a abajo. Llevaba una camiseta con una serpiente dibujada, tejanos y unas botas raídas. Me costó contener la risa.
- Llevo un sujetador de encaje rojo y negro, y braguitas y liguero a juego.

El anuncio decía algo así como “Se busca mujer con voz agradable y don de gentes para trabajo telefónico”. Cuando llamé me contestó una voz de hombre: “Se trata de sexo por teléfono, ¿cómo lo ves?”. Me quedé tan sorprendida que no supe muy bien qué decir. “Si quieres, pruébalo ahora conmigo”. Tartamudeando, dije que lo pensaría y que si acaso ya volvería a llamar. De entrada me pareció muy fuerte, pero ya hacía tres meses que estaba sin trabajo y las deudas se acumulaban. Tanteé a las dos personas de las que más valoraba la opinión: mi madre y mi novio. Mi madre me dijo que si por eso me pagaban bien, y no tenía que ver a nadie ni hacer nada más, que por qué no. Mi novio me dijo que hiciera lo que me pareciera conveniente, que lo que yo decidiera le parecería bien. Esperé a que fracasaran las tres entrevistas de trabajo pendientes que tenía, volví a llamar y me apunté al carro.

El local era un pisito del Born con despacho, baño y salón, sin cocina. Solo una nevera de esas pequeñas en un rincón. En el despacho había cuatro escritorios, uno en cada esquina, cada uno con un teléfono heraldo gris. Ramon me presentó a las chicas: Eva, Jessica y Dunia. Naturalmente, no eran sus nombres auténticos…

Eva era la más veterana, no por edad, sino por experiencia. Era tan guapa que costaba imaginarla trabajando en teléfono erótico. Rubia, ojos azules, su sueño era ser modelo de lencería, ya que era demasiado bajita para ser modelo de pasarela. Conocía a todos los clientes, sus virtudes, sus defectos y sus debilidades. Estaba especializada en sadomaso. “¿Sadomaso por teléfono?”, me pregunté. Pues sí, y era una artista, cosa que puedo atestiguar porque la vi muchas veces en acción.

A Jessica le gustaba decir que era china, aunque por el color tostado de su piel podía ser filipina. Nacida en Sudamérica, si se la oía hablar sin verla parecía una cubanita amorosa (oye papiiiito) gracias a lo cual tenía una larga lista de fervorosos clientes. Mezclaba sabiamente la inocencia oriental con el almíbar sudamericano. Una bomba.

A Dunia apenas tuve tiempo de conocerla, porque acababa de tener un bebé y, aunque intentaba simultanear el trabajo telefónico con el de madre, a los pocos días tuvo que dejarlo.


- Oye, ¿hay algún bebé ahí?
- No, cariño, cómo va a haber aquí un bebé. Debe ser el de la vecina. Espera, que cierro la ventana.


"¡Dunia, dale la teta al niño, o llévatelo, pero que se calle!". Yo ahí me sentí de entrada como un pulpo en un garaje. Creí que no encajaría nunca, aunque de hecho, en el fondo lo que temía era encajar demasiado bien. Las otras chicas me dejaron escuchar algún servicio, me dieron algunos consejos aunque se reservaron sus propios trucos, y empecé a trabajar...

miércoles, 30 de abril de 2008

family guy

No se pierdan el trailer de la última película de Mel Gibson:


www.Tu.tv

lunes, 28 de abril de 2008

asociación de personas muertas


Lal Bihari (1961 – 1976 – 1994) era un feliz granjero de Uttar Pradesh. En 1976 se le ocurrió solicitar un crédito bancario, que le fue amablemente denegado por estar oficialmente muerto. Un tío suyo había conseguido declararle como tal sobornando a varios funcionarios para poder apropiarse de sus tierras.

Lal supo de la existencia de al menos 100 personas que se encontraban en su misma situación, vivitas y coleando pero oficialmente muertos. Fundó la asociación Mritak Sangh, la Asociación de Personas Muertas. Él y los demás miembros de dicha asociación, además de no existir oficialmente, corrían el peligro de ser asesinados por aquellos que les habían arrebatado sus propiedades (si robar a un ladrón tiene cien años de perdón, matar a un muerto debe tener doscientos). Al parecer se trata de una práctica bastante extendida en la India, cuyo objetivo es hacer innecesario el asesinato obteniendo a cambio todas sus ventajas.

Comenzó entonces la batalla para demostrar que estaba vivo. La correosa burocracia india no se lo puso fácil. Bihari, para llamar la atención sobre su caso, organizó su propio funeral, solicitó personalmente una pensión para su viuda, intentó ser detenido y procesado, e incluso llegó a presentarse a las elecciones presidenciales de la India en 1989 (que perdió frente a Rajiv Ghandi, que entonces estaba oficialmente vivo). Llegó incluso a cambiarse el apellido añadiéndole la palabra Mritak (muerto), y firmaba sus cartas como el difunto Sr. Bihari.

En 1994, por fin, consiguió resucitar. La Asociación de Personas Muertas cuenta actualmente con más de 20.000 miembros. Supongo que no pagan ninguna cuota, ya se sabe, cliente muerto no paga. Me pregunto si el estado indio le ha cobrado a Bihari todos los impuestos que se ha ahorrado durante todos estos años. Igual, si lo hacen, decide suicidarse.

sábado, 26 de abril de 2008

iñi piñi

Brujos del Congo achican guarifaifa a hombres despistados

Trece hechiceros ya están imputados como responsables del extraño imbunche sexual

Los hombres del Congo andan haciendo "patos yáñez" casi todo el rato, y no porque quieran garabatear a alguien, sino para protejer su miembro viril. Luego de una investigación de la policía congoleña, 13 chamanes fueron imputados por el cargo de hacer desaparecer o encoger los penes de una decena de 27 hombres. Según las víctimas, el insólito robo de virilidad se llevó a cabo en buses y trenes del Congo. Un hechicero se sentaba al lado de su víctima, y mediante una macumba y una pasadita de mano a la altura genital, el pene se le achurrascaba y quedaba bueno para nada. La terrible brujería quedó al descubierto debido a los múltiples llamados a las radios de las propias víctimas y sus tristes esposas que ahora no tienen cómo pasar las frías noches congoleñas. "Parece una broma, pero las víctimas realmente dicen que sus penes se encogieron, así que les aconsejo que vayan a sus casas y lo prueben en acción", dijo Jean Dieudonne Olegko, jefe de la policía congoleña y que investiga este raro caso de chamanismo. Un vendedor de tarjetas telefónicas que labura cerca de la estación de policía, confirmó que los congoleños quedan "iñi piñi". "Es verdad. Ayer vi a una de las víctimas y confirmé que la 'cosa" le quedó chiquitita", dijo Alain Kalala con asombro.
Nota: si se preguntan qué es exactamente un "pato yáñez", no dejen de visitar esta página

viernes, 25 de abril de 2008

sexo de quita y pon

La fuente del ángel del Pla de Palau fue inaugurada en el 1856. Allí iban las mujeres a lavar, a hablar y a contemplar la figura del ángel y sus atributos masculinos. Era el lavadero más concurrido de Barcelona, lo que beneficiaba por tanto al mercado más cercano, el del Born, en detrimento del de la Boqueria. Los payeses de la Boqueria solicitaron al ayuntamiento reiteradamente, sin éxito, que les colocara una fuente con otro ángel mejor dotado aún para atraer a la parroquia femenina.

Se suponía que el ángel, “el geni català”, era un homenaje al comercio, a la industria, a la navegación y a la ciencia, pero en realidad era el protagonista de sueños, chistes, chascarrillos y comparaciones odiosas. Y su vida no ha sido fácil. A cada tumulto, a cada revolución, a cada trinchera o manifestación, si se escapaba una hostia o una piedra iba a parar sin remedio a uno de los dos puntos más prominentes de su figura, uno de los cuales es la nariz.

Además el obispo de Barcelona, con la iglesia hemos topado, escandalizado por la tortícolis galopante que afectaba a cada vez más mujeres de la ciudad, ordenó capar a martillazos al pobre ángel mártir y cubrirle la entrepierna con una túnica taparrabos. A principios del siglo XX decidieron operarle y devolverle su sexo, aunque se lo hicieron de silicona, que con el tiempo fue volviéndose de color marrón de forma que, destacado sobre el blanco del mármol, parecía un durex high-sensitive modelo Kunta Kinte.
Y en la última restauración, a saber por qué, han decidido dejarle otra vez sin sexo al pobre. Sin embargo, han descubierto un enigmático mecanismo de cables y tubos que va desde su cabeza hasta un cubículo, la función del cual se desconoce. A mí se me ocurren varias posibilidades que haré llegar oportunamente al Sr. Hereu por si le interesan, aunque todas ellas pasan por restaurar la orgullosa virilidad del ángel alado.

jueves, 24 de abril de 2008

págame lo que me debes, Pepe


Por la noche tenía los pies destrozados.

En una paradita de Dianética, una mujer blanca recibía un masaje en la espalda de un hombre negro. Me pareció una imagen preciosa, pero antes de plasmarla les pedí permiso. Mal hecho. Insistieron en venderme un libro, y después de negarme posaron para mí pero con cara de foto. Me pregunto en qué tarjeta deben almacenarse las fotografías que no se han podido hacer.

En el palacio de la Virreina había un montaje de pizarras para que la gente escribiera lo que quisiera. Al pasar por delante, oí cómo un argentino le decía a los que iban con él: “la mujer española, cuando se casa ya no tiene más amigos”. De repente se para al ver que una chica acababa de borrar una pizarra. Hecho una furia fue hacia ella. “¿Por qué la borras? ¡Si es para vosotras!”. La pizarra decía “Hoy una rosa, mañana dos puñaladas”. Él volvió a escribirla con tanta rabia que las letras le quedaron desdibujadas.

Junto a las pizarras estaba el escenario de Com.Ràdio y los papeles para firmar por la calle del Capitán Trueno. Firmé. Albert Espinosa firmaba libros con cara de niño feliz.

Pepe Rubianes ha anunciado que tiene cáncer de pulmón y está en boca de todos. Lo siento por él, pero no lo siento más de lo que lo sentiría por un vecino, por un amigo o por un familiar. Ha hecho lo que ha querido, ha dicho lo que le ha dado la gana, ha conseguido vivir haciendo lo que le gusta. He leído frases dedicadas a él por esas criaturitas mediáticas que se dicen amigas suyas, todas ridículas excepto una, la que le dedicó (monsenyor) Carles Flavià. “Págame lo que me debes, Pepe”. Con dos cojones. Si Pepe sabe lo que le conviene, mantendrá a su lado a Carles en todo momento. No está al alcance de cualquiera recibir la bendición de un cura arrepentido que fue manager de la Orquestra Plateria y del Gato Pérez, que empezó oficiando bautizos y entierros para acabar colgando los hábitos, que se casó con la exmujer de Pepe, Lucy, que criticaba a Pepe porque “eso que tú haces lo puedo hacer hasta yo” y lo ha demostrado en el escenario.

Me habría gustado escribir esto ayer, seguro que he olvidado cosas dignas de ser escritas, pero me quedé dormida delante del ordenador. Tengo los pies destrozados, pero ha valido la pena. Tengo todo un año por delante para recuperarme.

miércoles, 23 de abril de 2008

jackalope


El jackalope es un híbrido de liebre y antílope. Dice la leyenda que es un animal con habilidades y poderes extraños, capaz de hablar, y muy astuto. Solamente se le puede ver durante las tormentas, y la única forma de capturarlo es dejar por la noche un tazón de whisky porque se lo bebe, se emborracha y se queda tirao.

El origen de este bichito legendario es el papilomavirus de Shope, una enfermedad que afecta a los conejos y liebres y que consiste en una producción desmesurada de keratina, que se acumula en forma de cuernos y excrecencias en la cabeza del animalico. Un ajco.

lunes, 21 de abril de 2008

los sonidos del éxito


La empresa Thriving Office comercializa un CD con ruidos de oficina, pensado para los que trabajan solos en su casa. El CD tiene dos pistas de 39 minutos cada una: Busy (ocupado) y Very Busy (ocupadísimo). Incluye voces, teléfonos, ruido de ordenadores, pasos apresurados...


Dicen que otorga credibilidad, autoconfianza, que favorece la concentración y aumenta la productividad. Cuesta unos módicos 13 dólares, y si no queda satisfecho, le devolverán el dinero, aunque presumen de que hasta hoy nadie ha devuelto ninguno. Igual la gente le ha encontrado otros usos, como ponerlo de fondo para llamar a alguien y decirle “estoy en la oficina, no me esperes despiert@ que estamos hasta los topes de curro”. Y si al otro lado del auricular oyen palabras en inglés, aún parecerán más profesionales.

sábado, 19 de abril de 2008

tin man


El hombre de hojalata miró el plato del suelo. Pocas monedas, cada día menos. Mientras mantenía la postura, recordó cómo se había hecho el disfraz: un bidón, un rollo de espuma de Servicio Estación, maquillaje plateado y rojo, papel de aluminio y un espray de pintura plateada para neveras. Como en un anuncio de alguna telefónica, la ciudad se movía deprisa con sus gentes, sus coches, sus semáforos pasando del verde al ámbar, del ámbar al rojo, del rojo al ámbar y otra vez al verde. El universo entero estaba en movimiento menos él.

Intentó recordar por qué escogió al hombre de hojalata, y no a un vaquero o a un senador romano, por ejemplo. Desde que ella se lo rompiera, sentía que necesitaba desesperadamente un corazón. Mientras esto pensaba, un grupito de adolescentes se arremolinó ante él, mirándole. “Ahora viene cuando me llueven las monedas”, pensó. Pero lo que hicieron esos entecillos altamente hormonados y trufados de acné fue reírse de él. En un impulso incontrolable, zarandeó su hacha de un lado a otro, y las risas se hicieron aún más agudas.

Como si fuera otro quien ocupaba el disfraz de hombre de hojalata, saltó de su pedestal y con destreza rebanó la cabeza de un adolescente con su hacha (¿he dicho que el hacha era de verdad, y no un simple palo envuelto en papel albal?). Antes de que nadie pudiera reaccionar, le abrió la caja torácica con el hacha y le extrajo el corazón. Echó a correr calle abajo con el corazón aún palpitante en sus manos. A sus espaldas, los adoquines de la calle se iban volviendo amarillos como en aquél vídeo de Michael Jackson.

viernes, 18 de abril de 2008

curros rwaros

En el libro Odd Jobs (Trabajos raros), la fotógrafa Nancy Rica Schiff recopila hasta 65 empleos curiosos. Entre los más extraños destacan el de una mujer de más de 50 años, afincada en Cincinnati, cuya función es evaluar olores (desde pies y axilas humanos hasta excrementos de animales).

Hablando de narices, la célebre nariz de Thomas Jefferson del Monte Rushmore sufre graves fisuras por la acción de la lluvia y el hielo: un escalador profesional contratado por el Gobierno es el encargado de restaurar los daños. Más sorprendente aún es ser Directora de un colegio para chicos que quieren ser chicas, como la del Colegio Vera de Nueva York.

Entre otros trabajos extraños retratados en el libro podemos encontrar los de catadora de comida para perros, pulidor de monedas, inseminador artificial, doctor de muñecas, medidor de pechos de modelos, operador de marcador, modelo de pies o diseñadora de vestidos para Barbie. Aunque siempre hay algún olvido sonado en estos casos, como es el de probador de termómetros rectales...

jueves, 17 de abril de 2008

zener


La baraja Zener fue creada hacia 1920 por el parapsicólogo J. B. Rhine sobre una idea del Dr. Karl Zener con el fin de estudiar la percepción extrasensorial. Consta de 25 cartas: 5 círculos, 5 cuadrados, 5 estrellas, 5 cruces y 5 líneas onduladas. Sus símbolos fueron escogidos por ser figuras simples pero distintas, desambiguas, de fácil medición estadística.

En los primeros experimentos, una persona sostenía una carta escogida al azar en alto con el dorso de cara al sujeto del experimento, y éste tenía que acertar de qué carta se trataba. A partir del cálculo de referencia de que al azar pueden acertarse 5 cartas de cada 25, esto es, un 20%, cuantos más aciertos obtenía una persona por encima de éstos, más probabilidades de que fuera clarividente. Algunas personas obtenían puntuaciones bastante altas, hasta que el avispado Rhine se dio cuenta de que era posible ver los símbolos a través de las cartas, impresas sobre un papel demasiado fino.
Desde 1964, el mago James Randi ofrece una recompensa a quien demuestre poseer un poder sobrenatural, por ejemplo la clarividencia. Durante un programa de televisión, sometió a un parapsicólogo a una prueba con 250 cartas Zener. Según la regla del 20%, debía acertar al menos 82 cartas. Su resultado final fue de 50 aciertos. En la actualidad, la James Randi Education Foundation ofrece un millón de dólares a quien supere una prueba controlada sobre su presunta cualidad sobrenatural. De momento, nadie lo ha logrado.

lunes, 14 de abril de 2008

bola de acero, al agujero


Al flipper no se juega sólo con las manos, sino también con el pubis. En el flipper el problema no consiste en detener la bola antes de que sea engullida por el agujero, ni en volver a lanzarla hacia el centro del campo con la furia de un defensa, sino en obligarla a entretenerse arriba, donde las dianas luminosas son más abundantes, rebotando de unas a otras, vagando desconcertada y demente, pero por propia voluntad. Y eso se obtiene no imponiendo golpes a la bola, sino transmitiendo vibraciones a la caja, y dulcemente, que el flipper no se dé cuenta y no salte la tilt. Se puede hacer sólo con el pubis, o más bien, con un movimiento de caderas, de modo que el pubis, más que golpear, frote, manteniéndose siempre más acá del orgasmo. Y si las caderas se mueven como se debería, más que el pubis son los glúteos los que dan el golpe hacia adelante pero con gracia, de manera que cuando el impulso llega al pubis ya está amortiguado, como en la homeopatía, donde cuanto más se diluye la solución, y ya la sustancia casi se ha disuelto en el agua que se ha ido añadiendo poco a poco, hasta desaparecer casi por completo, más potente es el efecto terapéutico. Así es como una corriente infinitesimal pasa del pubis a la caja, y el flipper obedece sin neurosis, la bola corre contra natura, contra la inercia, contra la gravedad, contra las leyes de la dinámica, contra la astucia del constructor que la pensó fugaz, y se embriaga de vis movendi, permanece en el juego por tiempos memorables e inmemoriales. Pero es necesario que sea un pubis femenino, que no interponga cuerpos cavernosos entre el ilio y la máquina, y que en medio no haya materia eréctil sino sólo piel, nervios, huesos, enfundados en un par de tejanos, y un furor erótico sublimado, una frigidez maliciosa, una desinteresada capacidad de adaptación a la sensibilidad de la pareja, un placer en encender su deseo sin padecer el exceso del propio: la amazona debe enloquecer al flipper y gozar de antemano de que después lo abandonará.

Umberto Eco






jumbo


El elefante Jumbo (1860-1885) nació en Abisinia, y su nombre significa "hola" en swahili. Llegado al Zoológico de Londres a cambio de un rinoceronte, se hizo tan famoso que todos los niños querían montarse en su grupa, incluido Theodore Roosevelt.

El director de circo Phineas Taylor Barnum lo compró por 10.000 dólares y le embarcó en el Assyrian Monarch hacia Nueva York. Sus admiradores, deshechos en llanto, le despidieron regalándole cestas de frutas, dulces y champán para el viaje.

El 15 de septiembre de 1885, en la estación de St. Thomas, Ontario, un pequeño elefante llamado Tom Thumb estaba a punto de ser atropellado por la locomotora de un tren de mercancías. Jumbo corrió a las vías a salvar a su amigo y en el último segundo le empujó fuera de los raíles. La locomotora y dos vagones descarrilaron. Tom se salvó, pero Jumbo... antes de morir, abrazó a su cuidador con la trompa. El maquinista también murió, pero no consta si abrazó a alguien antes o no.

Barnum hizo diseccionar al elefante y donó su esqueleto al American Museum of Natural History de Nueva York. En la fiesta de entrega del esqueleto se sirvió gelatina que, según Barnum, había sido preparada con los colmillos de Jumbo triturados. Después compró a una elefanta llamada Alice y organizó un espectáculo itinerante conjuntamente con Jumbo disecado en el que se la exhibía como la "novia de luto".

En 1975 los restos de Jumbo fueron consumidos por un incendio. Se conserva un fragmento de su cola en los archivos del Tufts College y sus cenizas están guardadas en un tarro de mantequilla de cacahuete Peter Pan Crunchy de catorce onzas en el despacho de su director deportivo.
De modo que si algún día un niño repelente le pide que le dibuje un elefante, no me sea pardillo: dibújele un tarro de Peter Pan y dígale que el elefante está dentro. Después prepárele una rebanada de pan con mantequilla de cacahuete y oblíguele a comérsela.

sábado, 12 de abril de 2008

la pescamorfosis


Cuando Liborio Salsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró dentro de su bañera convertido en un monstruoso pez. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza vio un vientre plano, grisáceo, dividido por una cinturita de avispa. Apoyándose en sus débiles paticas se llegó al espejo del armario. El cristal le devolvió un rostro feo de cohones con expresión de muy mala hostia, y además estaba empezando a asfixiarse.

"¿Qué me ha ocurrido?", pensó.

No era un sueño.

En esas entró su hermana y le vio. Cogió el mocho que estaba detrás de la puerta del baño y la emprendió a mochazos con el pescao gritando "¡Chúpate esta, bisho! ¡Y esta!". Al día siguiente, en el restaurante de la familia Salsa el plato del día era la bullabesa al estilo del chef.

viernes, 11 de abril de 2008

café raro

El café raro, vulgarmente conocido como cacafé, vale unos 648 dólares por kilo y unos 100 dólares por tacita de bar. ¿Qué tiene de especial para ser tan caro? Muy fácil: lo selecciona personalmente (¿felinamente?) el gato de Algalia, algo así como un sexador natural de granos de café. Este gatito gourmet indonesio ingiere granos de la variedad Kopi Luwak, y después, lógicamente, los defeca. Y ahí es donde entra el hombre, que los recoge, los limpia, los tuesta, los vende y se forra.

Cómo se están poniendo los precios. Nunca la mierda fue tan cara.

miércoles, 9 de abril de 2008

agüela sabia


Estaba un día la abuela de Vito Corleone sentadica tomando el sol tan a gusto cuando se le acercó su nieto, que se casaba al día siguiente. Vito, que adoraba a su abuela, le pidió su bendición y algún consejo para el éxito de su futura vida matrimonial. La abuela, sabia en hierbas, caldos, vinos, aceites y cataplasmas, le dijo:

Sil vigore va bene,
avanti con il pene.
Sil vigore mengua,
avanti con la lengua.
Ma sil vigore é nulo,
vaffan’culo.

Dicho lo cual, se echó un trago de la bota de vino que arropaba amorosamente en su regazo y se quedó dormida plácidamente.

martes, 8 de abril de 2008

the soothsayer


Faltaban tan solo algunos días para el cumpleaños de Cedric, y Omar, de vacaciones en Jerusalén, recorrió sus callejuelas en busca de algún regalo digno de su amigo. Sus ojos se detuvieron en la Ouija del escaparate de una tienda de antigüedades. El siguiente recuerdo de Omar es que deambulaba por Jerusalén con un paquete cuidadosamente envuelto en su mochila.

Envueltos en la creación del que tenía que ser su próximo disco, charlar con la tabla se convirtió para ellos en una adicción similar a la droga. La llamaban The Soothsayer, la que habla y calma. La tabla empezó a revelarles historias, nombres, lugares, e incluso llegó a decirles que se oponía totalmente a la realización de su nuevo disco. Puesto que el proyecto seguía adelante, la tabla pasó de las súplicas a las exigencias y amenazas. Durante la grabación el batería abandonó el grupo, el estudio se les inundó dos veces, se les arruinó todo el equipo, Cedric se destrozó un pie, y el ingeniero de sonido abandonó el proyecto debido a problemas mentales y dejando tras de sí un montón de pistas inservibles. Un día la cubierta de la Oiuija se despegó mostrando un mensaje escrito en arameo antiguo que nadie ha podido traducir.

Dicen que hay muchas maneras de cerrar una conexión espiritual: vestir de blanco durante un año entero, rodearse de sal, encerrar el objeto en una caja y pedirle a alguien que la abra para transferir su propiedad y la maldición que comporta, romper el objeto en siete pedazos y rociarlo con agua bendita... o enterrarlo. Omar la envolvió en un paño, buscó un sitio apropiado y la enterró. Cedric le pidió que nunca le revelara dónde a nadie.

Aun así, la maldición parecía no tener fin. Omar se despertaba de madrugada por un extraño impulso para descubrir en pleno apagón que éste solo afectaba a su apartamento, o para ver que los archivos de los temas que había compuesto a media noche se habían evaporado. Llegó incluso a volver allí donde la había enterrado para asegurarse de que nadie la hubiera liberado.

The Bedlam in Goliath se convirtió para The Mars Volta en “el disco que no quería nacer”, y los nombres de sus temas les fueron inspirados o dictados directamente por la Ouija: Aberinkula, Metatron, Ilyena, Wax Simulacra, Goliath, Tourniquet Man, Cavalettas, Agadez, Askepios, Ouroboros, Soothsayer y Conjugal Burns.
Se supone que sigue enterrada... o no.

domingo, 6 de abril de 2008

alsatian

Pa desintoxicar.

mantis


Mantis, la discípula, entró en el templo con el corazón encongido. Avanzó entre las sombras con la cabeza baja, junto a la fila de columnas de las que no se veía el final, hasta llegar a los pies del trono de la Sibila de las Letras, su maestra. De un saquito que llevaba colgado al cuello sacó una pizca de una antigua mixtura de hierbas y la lanzó sobre el fuego eterno que ardía al pie de las escaleras. Un fogonazo la deslumbró por un instante y la Sibila apareció ante su trono, terrible y bella, joven y vieja al mismo tiempo.

- Habla, pequeña Mantis -dijo la Sibila.
- Maestra, una duda me corroe. A veces escribo cosas que, al releerlas, me parecen de un cursi total.
- ¿Y?
- Pues eso, que es como si no reflejaran exactamente lo que yo pretendía.
- Ponme un ejemplo.
- Vale. Supongamos que escribo "Las flores al amanecer, perladas de rocío, salpicaban de añil el prado a pinceladas, como una tela impresionista". ¿No sería eso, sabia Sibila, de un cursi que te cagas?
- Juega con las palabras, querida. Traduce lo intraducible. Supón que en lugar de flores pones heridas, en lugar de amanecer, campo de batalla, por perladas de rocío, ensangrentadas, por verde, rojo, y en lugar de tela impresionista, infierno pagano.
- Mmmm... "Las heridas en el campo de batalla, ensangrentadas, salpicaban de rojo el prado a pinceladas, como un infierno pagano". Sí, más heavy sí que queda, sí, pero... si tanto traduzco, nada quedará de aquello que yo pretendía expresar al principio.
- Pequeña Mantis, dime, ¿tú para quién escribes?
- Pues... para mí.
- Ya, y un cuerno. Mira, reina, me has pillado viendo Titanic y ardo en deseos de saber cómo acaba. Si eso me mandas un e-mail y quedamos un día de estos.
- Pero Sibila, yo...
- Y no te olvides de dejar el donativo voluntario en la bandeja de la entrada.

Dicho esto, y tras un fogonazo aún más deslumbrante que el primero, la Sibila desapareció. La pequeña Mantis, abatida, se dirigió hacia la salida. Cuando ya tenía un pie fuera del templo, se oyó un trueno. Mantis miró hacia arriba y dijo "Vale, vale, ya la pongo". Se sacó una moneda de oro del canalillo y la depositó en la bandeja. Mientras, en la lejanía, se oía vagamente una canción de Céline Dion.

jueves, 3 de abril de 2008

monstruo


Desde que le viera allí, oteando el horizonte desde la proa de su nave, no podía pensar en otra cosa que en él. Tan bello, tan orgulloso, tan... humano. Se quedó embobada mirándole mientras el barco se alejaba y no se le ocurrió otra cosa que seguirle. Después de todo, ¿qué dejaba atrás? A una madre que nunca la comprendió, a unas compañeras, que no amigas, que simulaban compadecerse de ella pero que a sus espaldas se reían. Cuando se iban de fiesta a las playas y los puertos a seducir marineros con sus cantos, sus acuáticas cabelleras, sus labios de coral rojo y sus hermosos pechos, ella se acurrucaba entre las rocas para que nadie pudiera verla. No había espacio para ella ni en el mar ni en la tierra. Media casta, mestiza, monstruo eran palabras que de pequeña tuvo que acostumbrarse a escuchar. Al crecer ya nadie se atrevía a pronunciarlas abiertamente, pero sabía que las seguían pensando.

Estuvo siguiendo el barco día y noche durante semanas y llegó a conocer las costumbres de aquél que la había embrujado. Cada noche al aparecer la luna, él salía a cubierta a pasear. Unos pasos y se detenía, más pasos, y miraba el cielo. Unos pasos más allá miraba el reflejo de la luna en el agua, se pasaba la lengua por los labios y se complacía en su sabor salado. El mismo sabor salado que ella sentía en los suyos. Lloraba de impotencia y de incertidumbre, y sus lágrimas hacían subir el nivel del mar sin que nadie se apercibiera de ello. Después de todo, ¿qué eran unas gotas más de agua salada en el océano?

Una noche, por fin, reunió las fuerzas necesarias. Esperó a que él saliera de su camarote, cuando la única luz en la noche eran la luna, las estrellas y la débil claridad de los faroles del barco. Esperó a que llegara a proa y entonces saltó ágilmente por la popa. Despacito se le fue acercando. El agua que chorreaba de su piel empapaba la cubierta. Cuando estaba a tan solo a un par de metros él notó su presencia, se dio la vuelta y la vio.

Ella bien sabía que era imposible que él sonriera, que corriera a abrazarla presa de una inesperada pasión. Al menos al principio. Sin embargo, tenía algo que ofrecer que sus hermanas no tenían. No esperaba ver en su rostro esa expresión gélida primero, horrorizada después, ni esperaba su desgarrado grito de terror. Ella intentó imitar los cantos de sus compañeras, esos armónicos sonidos de efecto hipnótico que rendían a los humanos y les hacían caer de rodillas como a un enamorado suplicante. Pero todo lo que salió de su boca fue un repulsivo gorgoteo acuoso.

Cuando él hizo ademán de coger su cuchillo para atacarla ella vio que todo estaba perdido. Le contempló aún un segundo más consciente de que sería la última vez y se lanzó de nuevo al mar.

Nadó, nadó y nadó hasta llegar al mar profundo donde ninguna sirena ni ningún humano había llegado antes. Sacó su cabeza de pez del agua y miró. No había gaviotas ni barcos ni islas. Una nada azul, inmensa, rota solo por los cantos de las ballenas.

Se sumergió tan profundamente como pudo resistir y después volvió a subir a toda velocidad hasta saltar fuera del agua. Echó un último y rápido vistazo al mundo aéreo antes de volver a sumergirse como una flecha y herirse las piernas contra las rocas del fondo. Algunas nubecillas de sangre negra la envolvieron, y rápidamente aparecieron los tiburones. El dolor de sus dentelladas le pareció hasta dulce comparado con el que le había causado ver que aquél a quien adoraba sentía repulsión por ella. Su último pensamiento fue que le quería.

¿por qué la terraza de Yolanda?


Yolanda cada año celebra una fiesta de cumpleaños en su casa. La primera vez que fui no conocía a nadie. En estos casos, me va muy bien fumar porque me mantiene las manos ocupadas, a veces alguien me pide fuego o un cigarrillo, y ahí ya se rompe el hielo. Pero resulta que en casa de Yolanda no se puede fumar, porque es cantante y alérgica al humo. Así que nada, ajo y agua. Antes del café, vi cómo Mónica cogía paquete y mechero y se escabullía hasta la terraza. Yo cogí los míos y me fui detrás de ella.

La terraza de Yolanda de noche es como una pecera oscura y fresca. Algunas plantas, ropa tendida, y por única luz la que se filtra tamizada desde el comedor. Con la intimidad a la que invitaba el ambiente, Mónica y yo empezamos a hablar. Mónica tiene unos ojos preciosos, azules, de largas pestañas. Iba para cantante, como su padre, pero nunca le ha gustado subir al escenario. Estudió psicología y ahora ayuda a la gente, que es lo que le gusta de verdad. Al rato, la puerta deslizante de la terraza se abrió. Era Pep, el compañero de Yolanda, paquete y mechero en ristre. Pep es un buen guitarrista. Cuando se cansó de ir dando tumbos de un grupo a otro, empezó a acompañar a Yolanda en estándares de jazz y de blues, se enamoró de su voz y de ella y ahora la acompaña también en la cama, aunque con otro instrumento. Se siente un poco frustrado porque para sobrevivir tiene que dar clases a niñatos en lugar de tocar en el escenario con una big band y Yolanda enfundada en un traje de noche negro.

Fueron pasando los minutos y la pecera cada vez estaba más llena de pececitos de colores, todos distintos, cada uno con su voz y con su historia. Al cabo de una hora ya casi no cabíamos en la terraza. Yolanda se había quedado sola en el comedor con cara de pocos amigos, y mientras reíamos con nuestra risa de pez feliz durante la típica ronda de chistes, ella se desgañitaba. No podíamos oírla, pero no era muy difícil leer en sus labios: “¡Eh! ¡Que es mi cumpleaños! ¡Entrad de una vez, o no saco la tarta!”.

miércoles, 2 de abril de 2008

jules


En el gimnasio del general Francisco Amorós en París, allá por el 1808, se trabajaba con halteras, mazas, tiro de cuerda y flexiones de rodillas. Entre los saltos contaba ya con el salto con pértiga. Utilizaba como aparatos barras de madera horizontales, a veces emparejadas en forma de paralelas, en las que había que trepar, subirse y pasar a pulso, así como voltearse o realizar equilibrios. Introdujo también el salto del potro de madera originario de la Edad Media.

Desde que su alumno Henri Maîtrejean, director del circo Napoleón, inventara el trapecio, se entrenaban juntos en el gimnasio soldados y trapecistas. Pero en el fondo el general despreciaba a aquellas criaturas de circo. Un día otro alumno suyo le presentó a su hijo, a quien entrenaba, un niño larguirucho y algo desgarbado llamado Jules que, en cuanto subía al trapecio, se convertía en un ser elástico y ligero que podía volar.
Poco a poco fue ganándose a Amorós hasta que, después de una magnífica actuación en un parque, éste le dijo que algún día entraría en la historia por la puerta grande y sería famoso en todo el mundo. El general no pudo ver el debut de Jules en el Alhambra Theater, ni cómo inventaba el trapecio volante y otros aparatos, ni cómo viajaba por todo el mundo entre aplausos y piropos. Y sí, Jules pasó a la historia, pero no por sus saltos, sus fintas ni sus acrobacias, sino por su forma de vestirse para actuar. El apellido de Jules era Léotard.

He'd fly through the air with the greatest of ease,
That daring young man on the flying trapeze.
His movements were graceful, all girls he could please
And my love he purloined away.

lunes, 31 de marzo de 2008

esto es lo que hay


Y el día quinto creó Dios a los animales que pueblan las aguas y el aire, a los grandes monstruos marinos y a todos los seres que se mueven en las aguas, y a toda ave alada. Y el día sexto creó Dios a los animales que pueblan la tierra, a los ganados, alimañas y bichos que se arrastran por el suelo. Y Dios vio que era bueno y sonrió.


Y el día sexto creó Dios del aire a la mujer y la llamó Lilith, y como vio que sola se desenvolvía perfectamente y pasábase todo el día holgando, decidió crear al hombre a partir de un óvulo suyo para darle algo que hacer, y le llamó Adán.


Despertó un amanecer Lilith. Adán dormía aún a su lado, y sin hacer ruido para no despertarle, decidió darse un baño en el Tigris. Y en la orilla vio Lilith un corrillo de animales inquietos que, al verla, se le acercaron y le hablaron.


Y le dijo la loba: "Las patas tienen 6 párpados, tres en cada ojo, y yo no tengo más que dos. Me siento discriminada". Y le dijeron a coro las carpas del río: "Pues nosotras no tenemos párpados, y además, viviendo en el agua, podemos padecer sed. ¿No es absurdo?"


Y le dijo la cerda: "Gozosa adoraría a nuestro Creador, pero me es físicamente imposible mirar al cielo". Y le dijo la elefanta: "Las ratas se multiplican tan rápidamente que en 18 meses una pareja puede tener más de un millón de descendientes. Yo tardo 20 meses en gestar a mi único vástago". Y le dijo la vaca: "Cierto es que aún no has inventado las escaleras, pero intuyo que yo podré subirlas pero no bajarlas. ¿Diseño inteligente esto? ¿De qué?"


Y protestó la ardilla: "Trabajo duramente para almacenar semillas y a veces olvido dónde, con lo cual planto cientos de árboles sin que nadie me recompense por ello". Y le espetó la pepina de mar: "Me he comprado en las rebajas una magnífica toalla sábana negra, cálida y esponjosa, pero en cuanto la meto en el agua se me moja y no me sirve para secarme, ¡estoy desesperada!". Y rezongó la yegua: "La cocodrila puede correr tan rápido como yo, pero nada muchísimo mejor que yo. ¿Qué ha hecho para merecer del Creador tanta destreza en su movilidad?"


Lilith las escuchó pacientemente a todas ellas y habló. "Y a mí me gustaría volar pero mis pies me mantienen pegada a la tierra, y me gustaría cobrar lo mismo que Adán y no lo cobro. Esto es lo que hay, reinas: las reclamaciones, al Big Boss".


Sin embargo, y cuando su incipiente embarazo empezaba a ser evidente, decidió redactar un documento de solicitudes en donde incluyó las que le habían expuesto y las suyas propias. Días después, recibió un e-mail en el que Dios la despedía. Una tal Eva que había renunciado a la baja maternal había ocupado su puesto cobrando muchísimo menos que ella. Justo al acabar de leer la orden de desahucio por la cual se la instaba a salir inmediatamente del paraíso, recibió la visita de un tal Miguel Arcángel que, espada llameante en ristre, la acompañó hasta la salida.

viernes, 28 de marzo de 2008

la sonrisa eléctrica


El doctor, después de decirme que tendrían que amputarme la pierna, me recomendó que le hiciera una fiesta de despedida y que invitara a personas que hubieran tenido una relación especial con ella. Invité, entre otros, a un compañero del equipo de fútbol, a un amigo con el que solía ir de excursión y a una chica con la que años antes estuve haciendo "piececitos" por debajo de la mesa. Acabé la fiesta bailando más de diez veces con una enfermera la canción "Espérame en el cielo". Fue la única canción que pudimos conseguir en el hospital. Después de la operación, yo mismo enterré mi pierna en el cementerio. Así que perdí una pierna pero gané un muñón, y ahora tengo un pie en la tumba.

En los diez años que pasé en el hospital, de los 14 a los 24, sellé un pacto de vida con mis compañeros: cada uno que muriera repartiría la vida que le quedaba entre los supervivientes. Así que a pesar de haber sufrido la amputación de una pierna, de haber perdido un pulmón y parte del hígado, aún me toca vivir 4,7 vidas.

Un día el doctor me preguntó si prefería pastillas o cápsulas. Yo pensé que era por el tragar. Pero él me contó las ventajas del efecto placebo. El 57 % de la población cree que se curará antes con cápsulas que con pastillas. Y aumenta hasta el 72 % si las cápsulas son rojas.
Y fue cuando me habló del poder de los colores de las cápsulas. Yo pensaba que su doble color no tenía sentido, pero resulta que sí. Las colores rojos y negros se consideran los más eficaces. Los verdes y azules trasmiten tranquilidad y los amarillos son estimulantes. De ahí que se conjunten para obtener en el paciente la sensación de mejora solo con verlas.

Quienes me conocen dicen que con el tiempo mi sonrisa ha cambiado. Es lógico. Cuando me pusieron la primera pierna artificial, hidráulica, adopté una sonrisa hidráulica. Ahora que la llevo eléctrica, soy Albert Espinosa, el hombre de la sonrisa eléctrica.

miércoles, 26 de marzo de 2008

jaya y daimati

Jaya Naik, a sus 50 años, ha estado dos veces en la cárcel. ¿Qué le ocurrió allí? ¿Qué terribles experiencias vivió que le han llevado a refugiarse en un árbol para evitar de nuevo las rejas? Primero fue un mango de Chindri, donde pasó tres años. Su esposa Daimati iba a verle cada amanecer. Primero intentaba convencerle de que bajara a gritos, y después lloraba desconsolada. Le dejaba un pequeño hatillo con comida, y solo después de que se fuera él bajaba para comer, para lo cual tenía que pelearse con las hormigas que habían llegado antes al almuerzo de Daimati. Enternecido por el llanto de su esposa, hace un año Jaya accedió a mudarse a un árbol más cercano a su antes hogar conyugal. Allí pasa las horas sin hablar con nadie, sobre la plataforma que él mismo construyó, sin separarse de su fiel hacha. Ahora por lo menos al anochecer baja de su árbol y va a visitar a Daimati, que apenas consigue arrancarle alguna palabra. Uno de los cargos por los que Jaya fue encarcelado fue el de maltrato conyugal...

blancanieves, más o menos

martes, 25 de marzo de 2008

orgullo y prejuicio

Con frecuencia se asocian a la predisposición o al prejuicio cognitivo unas connotaciones éticas negativas, cuando la manera que tiene la conciencia de procesar la información no debería ser catalogada éticamente.
Así, por ejemplo, la ciencia nos dice que existe el planeta Urano, y se cree de manera preferente en su existencia. Es un acto que evita el gasto energético y de tiempo de comprobarlo, y además proporciona estabilidad social. Hoy en día se vive del prejuicio informativo de muchas fuentes porque el trabajo necesario de comprobarlo nos impediría vivir en sociedad. De ahí la ventaja de ser asocial.
Entre los prejuicios se encuentra el efecto Bandwagon, efecto de arrastre o efecto del carro ganador, que es la tendencia a hacer (o creer) cosas porque muchas otras personas hacen (o creen) esas cosas. La mierda es buena porque dos mil millones de moscas no pueden estar equivocadas. También se puede dar el efecto contrario: rechazar algo por el mero hecho de que es lo que hace la mayoría. Es una actitud de rebeldía no basada en razonamientos consistentes. Ganas de tocar los webs podría llamarse también.

Otro prejuicio, el de la elección comprensiva, es la tendencia a recordar nuestras propias decisiones como mejores de lo que realmente fueron. Traducido: si no nos damos cuartelillo a nosotros mismos, ¿quién nos lo va a dar? ¿eh? ¿eh?
También está el efecto de cesión, la tendencia de las personas a dar más valor a algo tan pronto como lo poseen, también conocido como efecto Gollum. En cierta forma es una actitud madura, si la contraponemos a aquella otra de "Wentworth me la sudaba hasta que vi que a Menchu le gustaba, es mío, mi tesssssoroooo".
En el trabajo a menudo nos enfrentamos a la falacia de planificación, la tendencia a desestimar o infravalorar los tiempos de finalización de las tareas. "¿Cuánto tardará en arreglar el generador de antimateria, Sr. Scott?". "En un plis plas se lo tengo, capitán Kirk".

Y cómo olvidar el efecto de Von Restorff, la tendencia de un individuo a situarse en un modo de queja continua para ser mejor y más recordado que el resto. Bueno, eso para una pequeña parte de la humanidad: el resto considerará al enfermo de Von Restorff como el perro del hortelano, siempre anunciando el fin del mundo y erigiéndose a sí mismo como el último baluarte de occidente. Eso en occidente, claro, que en oriente sería el último baluarte de oriente.

Pero todos los prejuicios se encierran en uno, que es el sesgo de punto ciego: la tendencia a no darse cuenta de los propios prejuicios cognitivos.

Ilustración: experimento ideado por Wolfgang Köhler. Se pide al sujeto que lo contempla cuál de estas figuras se llama booba y cuál kiki. ¿Ustedes qué creen?

jueves, 20 de marzo de 2008

un pato pa tó

El folleto de la exposición presentaba un pato artificial de cobre dorado que podía beber, comer, graznar, chapotear, digerir y defecar de la misma manera que lo haría un pato vivo. El flautista de Jacques de Vaucanson (1709-1782) respiraba mientras tocaba, pero el pato... el pato tenía más de 400 partes móviles, y los médicos que lo habían examinado aún no se habían puesto de acuerdo sobre si el organismo trituraba los alimentos durante la digestión o los disolvía mediante jugos gástricos. El proyecto en sí era una paradoja, pues una de las ventajas de ser autómata es que no se necesita comer.

Por motivos relacionados con su propia salud, Vaucanson estaba especialmente preocupado por estas cuestiones y se sirvió de su juguete como demostración de sus propias teorías. El pato tenía en su interior un circuito de tubos que derivaban en un pequeño laboratorio interior donde el grano era reducido por medio de productos químicos.

El estómago no trituraba los alimentos, después de todo. Una vez acabado, los deshechos pasaban por el intestino para ser finalmente expulsados y recogidos primorosamente en una palangana de plata. Vaucanson, que se cansó de sus propios autómatas (el flautista, el tamborilero y el propio pato), los fue vendiendo y acabaron en colecciones particulares.

Cuando, un siglo más tarde, el pato reapareció en la Exposición Universal de París de 1844, el mago Robert-Houdin (de quien el escapista Houdini tomaría su nombre) descubrió que la digestión del famoso palmípedo tenía truco: un mecanismo guardaba el maíz ingerido y otro expulsaba una miga de pan teñido a modo de excrementos que había sido preparada previamente por su presentador. De haber estado vivo, Vaucanson habría pagado el pato.

Sin el pato cagón, no quedaría nada que nos recordara la gloria de Francia
Voltaire

miércoles, 19 de marzo de 2008

chi non (co)lavora, non fa l'amore


Según un estudio de Scott Coltrane, sociólogo de la Universidad de Riverside, California, los hombres que comparten las tareas del hogar mejoran la armonía en la pareja y tienen una vida sexual más satisfactoria. "En general", declara, "cuantas más tareas domésticas hacen los hombres, más felices están las mujeres".

Y según Joshua Coleman, psicólogo, "las mujeres dicen sentir más atracción sexual y más afecto hacia sus maridos si participan en las tareas del hogar" y confirmó además que el hecho de compartir las tareas del hogar "está asociado con un nivel más elevado de satisfacción matrimonial, y a veces más relaciones sexuales también".

Han tenido que venir dos científicos para decir esto... Si bastaba con preguntarnos a nosotras.

martes, 18 de marzo de 2008

talia, sol y luna


Cuando Talía nació, los sabios y adivinos de la corte estudiaron los astros y advirtieron al rey, su padre, que un enorme peligro acechaba a la princesa a causa de una planta llamada Cannabis sativa. El rey prohibió la entrada en palacio de esta planta, pero una Talía adolescente que merodeaba por el bosque sintió la tentación de hilar con una rueca, con tan mala fortuna que una diminuta astilla de cáñamo se clavó bajo su uña y cayó al suelo, muerta. Su padre, que mira que se lo había avisao, desesperado, hizo lo único que un amante padre puede hacer en esas circunstancias: la hizo vestir con sus mejores galas, la hizo yacer en un lecho de terciopelo rojo recamado en oro, selló la puerta del palacio y se fue para siempre abandonándola a su suerte.

Años después pasó por allí un joven rey que iba de cacería. Su halcón entró en el palacio por una ventana y el rey le siguió, recorriendo las estancias desiertas y polvorientas hasta llegar a la cámara de Talía. Sus cabellos perfumados se derramaban sobre el terciopelo rojo hasta el suelo. No pudo resistir la visión de tanta belleza y, empujado por una oscura fuerza, la violó y después huyó a toda prisa lejos de allí. Nueve meses más tarde, una Talía dormida dio a luz a dos gemelos, el niño Sol y la niña Luna, que se arrastraron hasta sus pechos para no morir de inanición. Un día, Sol chupó el dedo de su madre con tanta fuerza que extrajo la brizna de cáñamo de su piel y Talía despertó. No veas la sorpresa que debía llevarse, dormirse virgen y despertar desvirgada y madre de gemelos.

Mientras tanto, el joven rey no podía olvidarla, así que volvió al palacio y, qué mala suerte, la encontró despierta. Talía le presentó a sus hijos, que ya me dirás cómo sabía que eran de él, y el rey decidió quedarse, hasta que de repente recordó que le había dicho a su esposa la reina que iba a por tabaco y que de eso ya hacía como dos semanas o así. Abandonó a Talía sin ningún miramiento y, con un par de cartones (de Winston) volvió al lecho de su reina, que escuchándole hablar en sueños se enteró de toda la historia. Aquél mismo amanecer la reina hizo prender a Sol y a Luna y se los entregó al cocinero para que les degollara, les cocinara y se los sirviera al rey con patatitas. Solo cuando el rey ya estaba rebañando el plato, la reina le reveló que acababa de devorar a su carne y a su sangre. La cena no le sentó muy bien.

Pero la malvada reina, no contenta con eso, ordenó prender a Talía y la condenó a la hoguera por bruja, pues había hechizado a su esposo. En su infinita maldad, se acercó a las llamas para ver más de cerca la muerte de la princesa, momento que el buen rey aprovechó para, de un empujón, lanzarla a ella a las llamas. Y así, por fin, Talía fue libre de desposarse legítimamente con su violador. Y fueron felices y comieron perdices.
Más o menos de Il Pentamerone,
de Giambattista Basile

lunes, 17 de marzo de 2008

tod@s con la pmc

Plataforma por un Meme en Condiciones

sábado, 15 de marzo de 2008

miss cicatrix

29 de mayo de 1962
Marilyn canta el “Happy Birthday” a John F. Kennedy.

23 de junio de 1962
En la puerta de la suite 261 del bungalow 96 del Hotel Bel-Air, en Los Ángeles, tres agentes de seguridad de Vogue mantienen a raya a los paparazzi que están esperando la llegada de Marilyn. Ella aparece finalmente con cinco horas de retraso acompañada de Robert Kennedy. Empieza la sesión fotográfica de Bert Stern.

24 de junio de 1962
La sesión fotográfica es interrumpida por una acalorada discusión entre Marilyn y Robert. Cuatro horas después, la sesión se reanuda. Dos botellas de Dom Perignon, y Marilyn insiste en posar con peluca negra y traje chaqueta a imagen de Jackie Kennedy.

25 de junio de 1962
Marilyn le dice a Bert Stern que dará una rueda de prensa a principios de agosto para anunciar algo muy importante. Bert la convence para que pose mostrando su cicatriz, a lo que ella accede porque le promete no publicar esas fotos. Por la noche, finalizada la sesión, el coche oficial de Robert Kennedy, conducido por dos hombres de negro, se lleva a Marilyn con destino desconocido.

20 de julio de 1962
Con el nombre de Faye Miller, Marilyn ingresa en el Hospital Cedars of Lebanon, donde aborta.

5 de agosto de 1962
A sus 36 años, Marilyn es encontrada muerta en su apartamento, desnuda en la cama, con el teléfono descolgado. No se encontraron restos de barbitúricos en la autopsia. Puede que en sus últimas fotos solo se viera una cicatriz, pero tenía más.

9 de agosto de 1963
Patrick Bouvier Kennedy, hijo de John y Jackie, muere dos días después de nacer.

22 de noviembre de 1963
John Fitzgerald Kennedy es asesinado en Dallas. El círculo se cierra.

"En mi impulso de aparecer desnuda y en mis sueños sobre ello no había ni vergüenza, ni remordimientos. Tal vez odiaba la cicatriz de la operación. Pero pensar que la gente me miraría me hacía sentir menos sola."

jueves, 13 de marzo de 2008

el gato arroba

Estaba en la cama durmiendo plácidamente mientras el gato dormía también sobre mis pies, hecho una arroba. De repente sonó el teléfono. Me levanté de un salto y el gato salió disparado hacia el suelo. Miré el reloj: eran las 4 de la mañana. Cogí el teléfono. "Hola. Oiga, ¿podría mirar a ver si me he dejado el móvil en el bar, encima del mostrador? Es que no lo encuentro". "Un momento" -dije tapando el auricular con la mano. El gato había vuelto a subirse a la cama y me miraba con sus ojos encendidos en la oscuridad, clamando venganza. Quité la mano del auricular. "Sí, aquí está, cuando quiera puede pasar a buscarlo". Colgué y volví a meterme en la cama. El gato se acomodó entre mis piernas ronroneando de agradecimiento. Hay que ver lo poco sociable que puede llegar una a ser cuando la despiertan a horas intempestivas.

miércoles, 12 de marzo de 2008

mi cena con andreu


-¡Ahí va, pero qué calvo estás!
-¿15 años sin vernos y esto es lo primero que me dices? Serás…
Este es uno de los más o menos ingeniosos comentarios que voy cazando al vuelo durante la fiesta del 15º Aniversario de Promoción de mis compañeros del instituto.
15 años sin vernos, y por mí podrían pasar 115 más. Me siento tan fuera de lugar como suelo sentirme en las fiestas donde no conozco a nadie. Bueno, la verdad es que los sigo viendo como aquellos adolescentes impresentables a los que empezaba a causar estragos la testosterona. No como yo. Unos han venido con trajes a medida como queriendo demostrar lo bien que les va en la vida. Otros van deliberadamente desaliñados como diciendo: “Vosotros y esta reunión me la traéis al fresco”. Y el graciosillo de la clase no ha variado su repertorio: ¿a dónde va todavía con lo de “un inglés, un francés y un español…?
Además, como que las únicas cuatro chicas que había en la clase no han venido –han hecho bien- en el cartel de la entrada habría que poner: “Promoción del 90. Fiesta sin mujeres y con cerveza caliente. Bienvenidos”.

-¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Soy Andreu.
El ex alumno que ahora me abraza con un punto más de efusividad del que me gustaría yo lo recordaba como “aquél de los ojos saltones”. Ahora se ha convertido en un Steve Buscemi de casi 30 años.
Han traído el bufet y enseguida nos vemos aprisionados entre un gentío ávido de ganchitos y croquetas congeladas. Esto nos facilita la conversación y no tardo en darme cuenta de que Andreu se ha convertido en alguien bastante ameno e interesante. Yo le hablo de mi trabajo escribiendo para revistas de gastronomía y él me dice que gracias al suyo, en una agencia de viajes, ha visto un montón de países y que ahora acaba de volver de una convención de fans de la serie Star Trek en Vancouver.
-¡No me digas que te gusta Star Trek! ¡A mí me encanta!
-Ya veo que tenemos cosas en común –sonríe Andreu.
-Pues tienes que venir un día a cenar a mi casa con Elena, mi compañera, –le digo entre dos empujones de gente que va y viene del bufet- acabo de comprarme un pack especial con los cinco primeros episodios de la primera temporada en DVD. Lleva extras y escenas inéditas. Te va a encantar.
Después de unos minutos más de conversación Andreu alega que al día siguiente tiene que de madrugar, así que anotamos nuestras señas en las agendas de nuestros móviles. Andreu se despide haciendo el saludo vulcano: la palma extendida y formando una V con los dedos tres a dos.
Al poco rato decido escabullirme, cuando uno de los camareros nos dice bastante groseramente que ha de cerrar el local mientras algunos ex alumnos intoxicados de cerveza caliente proponen a gritos acabar la noche en un bar con karaoke.

En el buzón solo encuentro facturas y ningún mensaje nuevo en el correo electrónico. Las editoriales a las que envié mi propuesta de libro sobre cocina antillana siguen sin dar señales de vida. Llevaba tecleado medio artículo sobre la caldereta menorquina cuando suena el teléfono.
-¿Sigue en pie la invitación a cenar?
-¡Andreu! Pues claro que sí. Si te va bien puedes venir esta misma noche, a eso de las nueve.
-No recuerdo si te lo comenté en la fiesta, pero es mejor que te advierta que soy vegetariano –una pausa- vegano.
-¡Ah, ningún problema, hombre! ¿A las nueve entonces?
Vuelvo al ordenador y entro en el buscador a ver si eso de vegano podría suponer algún problema. Marco la primera de las muchas páginas que aparecen y aquí consigo toda la información necesaria:
“VEGANO. Término acuñado para distinguir a los veganos de los vegetarianos. Filosofía basada en vivir exclusivamente del reino vegetal excluyendo carne, pescado, aves, huevos, miel e incluso leche animal (recurren a la leche de soja) y derivados lácteos.”
Muy claro.

Mientras estoy en la cocina preparando el primer plato, calabacitas de Veracruz (la receta de la pág. 27), Elena se ocupa de la ambientación musical (me encanta cocinar con música) y también de dejarme claro que no le entusiasma precisamente pasar una velada viendo episodios antiguos de Star Trek.
-No entiendo cómo a alguien le puede gustar esa serie tan cutre –me dice mientras abro una lata de maíz-. Se supone que están en el siglo XXIII pero llevan unos tupés que parecen maniquíes del Corte Inglés.
Está apoyada en la puerta de la cocina haciendo girar un CD de Nirvana con el dedo. Decide volver a la carga:
-Seguro que es un friki.
-Elena, no todos a los que les gusta Star Trek son unos frikis. Mírame a mí.
Por su mirada deduzco que mi comentario no ha tenido éxito.
-Y cuidado con ese CD, que se te va a caer.
-Por cierto, ¿beben alcohol los veganos? –dice señalándome las dos botellas de vino junto a la mesa del comedor.
-No le vi beber en la fiesta, claro que tampoco apetecía nada aquella cerveza caliente.
-¿Sabes si tiene novia?
-¡Uf! –resoplo mientras corto el queso fresco a dados- eso no me lo dijo. Al menos esta noche vendrá solo.
-Seguro que es un friki –sentencia Elena mientras se va a poner un CD de los Limp Bizkit.
Ahora que por fin acabó el interrogatorio puedo echar a la cazuela el quesss… ¡Un momento! ¡El queso es de origen animal!
Bajo apresuradamente a una tienda de productos naturales que hay a unas cinco travesías. Consigo llegar un par de minutos antes del cierre y compro un paquete de tofu. Servirá para sustituir el queso.
Ahora debo darme prisa con el segundo plato: berenjenas rellenas (de verduras, claro).
Corto las berenjenas a lo largo y las pongo a hervir hasta que se ven blandas. Cuando están frías les quito la pulpa –con cuidado de no romper la piel- y en una sartén sofrío dos pimientos verdes y una cebolla a pequeños trozos. Poco después añado un bote de tomate sofrito. Diez minutos después echo la pulpa de la berenjena. Sazono con sal y pimienta, remuevo y relleno las berenjenas con esta mezcla. Espolvoreo con ajo y perejil picados y pan rallado, y reservo las berenjenas sobre papel de plata en una fuente de horno para gratinarlas cinco minutos antes de servir.
Elena me demuestra que también tiene su buen corazón ayudándome a cortar y limpiar las fresas para el postre: fresas con zumo de naranja y hierbabuena picada. Las repartimos en copas y las guardamos en la nevera.
Repaso nuestra colección de CD y me pregunto qué música les gustará a los veganos. ¿Quizás Pink Floyd? Tengo el Atom Hearth Mother, aunque quizás no sea muy apropiado por la vaca de la portada.
Suena el timbre. Tras la puerta aparece un sonriente Andreu con una botella de vino en la mano –pues sí, los veganos beben- y ¡Dios mío! ¡Vestido con el uniforme rojo y negro de gala de la tripulación de Star Trek bajo la gabardina! Ahora sí que lo tengo crudo para convencer a Elena de que Andreu no es ningún friki.
Elena consigue disimular aceptablemente el shock del uniforme. Presentaciones, dos besos en la mejilla. Descorchamos la botella de vino que ha traído –un buen Ribera del Duero, al menos en esto le alabo el gusto- y ya nos hemos tomado algo más de media botella cuando nos sentamos a la mesa. Abro otra botella de vino mientras Andreu saborea las calabacitas.
-Mmmm… Tienes que darme la receta. Aunque la verdad, no estoy muy dotado para la cocina.
Andreu dedica grandes elogios a las berenjenas y acepta otra ración. Me doy cuenta de que el vino ha disminuido considerablemente y de que Andreu llena su copa una y otra vez mientras que a Elena y a mí nos es imposible seguir su ritmo.
Ya no queda ni gota de vino cuando traigo las fresas. Cuando llego a la mesa Andreu está dedicando a Elena una conferencia sobre los beneficios del veganismo. Su dicción algo pastosa me hace sospechar que el vino le está causando efecto.
-¿Tienes algún licorcito para acompañar estas estupendas fresas? –pregunta Andreu.
- ¡Claro! He comprado una botella de whisky. Ahora la traigo.
Andreu se sirve una ración de whisky en un vaso que a mí –que no tengo mucho aguante para el licor- me hubiera dejado medio grogui.
-A mí me atrae mucho todo lo relacionado con el espacio –dice señalando la carátula del DVD de Star Trek donde aparece una nave espacial. ¿Sabéis que hace dos años en lo alto de una montaña de Lanzarote tuve contacto con un grupo de extraterrestres?
Elena y yo lo miramos boquiabiertos. Antes de proseguir su relato se sirve otro generoso lingotazo de whisky.
-Era por la noche, ya me había metido en el saco de dormir –nos cuenta acercándonos su mirada vidriosa-…y me despierto rodeado por unos hombrecillos de un verde fluorescente y del tamaño de un niño de cinco años.
-¿Y no se te llevaron? –pregunta Elena con su típica expresión de “no sé como tomármelo”- ¿Cómo se dice…? ¿No te abdujeron?
-No –responde Andreu-. Se limitaron a hacerme cosquillas y se fueron. Quizás en su planeta sea una forma de contacto.

Elena simula su consternación comiendo más fresas. Andreu se escancia más whisky.
Durante el visionado de Star Trek, Andreu se dedica a imitar los sonidos de los disparos de láser (¡tzú-tzú-tzú!) y a apurar el whisky. Elena se ha quedado dormida en el sofá.
-¿Hay más whisky? –pregunta señalando la botella vacía. Bueno, la verdad es que dice algo parecido a “¿Hay báz güisgui?”.
-Me temo que solo te puedo ofrecer vino del que uso para cocinar.
-¡Pues vale!
En vista del panorama, a la una de la noche llamo a un servicio de taxis por teléfono. Andreu me ha dicho –y le creo perfectamente- que no se encuentra en condiciones de conducir. Sigue dándole al vino de cocina y Elena a los ronquidos. El taxi se está demorando.
Por fin, cerca de las dos y media de la madrugada, aparece el condenado taxi. El conductor se queda perplejo al verme con un tripulante de Star Trek que apenas puede sostenerse en pie y que intenta hacerme el saludo vulcano como despedida, pero que lo único que consigue es meterse el índice en un ojo.
-¿No me vomitará en el coche, eh? –gruñe el taxista.
- Qué va –le tranquilizo-, ya viene vomitado de casa.
Las luces del taxi se deslizan calle abajo. Vuelvo a mi piso, me siento cansadamente junto a la mesa e intento servirme un vaso de vino de cocina, pero no queda ni una gota.
Elena se despierta y se incorpora a medias mirándome con expresión confundida.
-Bueno, –le digo encogiéndome de hombros- al menos Andreu es consecuente. El whisky no es de origen animal.
Le hago el saludo vulcano antes de arrastrarme hacia la cama. Ella me corresponde para, despacio, girar la mano, bajar todos los dedos y dejar alzado solo el corazón.

lunes, 10 de marzo de 2008

de herencias y escaqueos


Yo heredé de mi madre una cosa que mis hermanos no heredaron. Bueno, vale, más de una, pero a la que me refiero es al sentimiento de culpabilidad por estar haciendo cualquier cosa divertida o agradable en lugar de las mil cosas pendientes que hay que hacer en casa, desde limpiar hasta planchar, pasando por pintar o arreglar los armarios. Siempre hay algo que hacer, y tú aquí perdiendo el tiempo miserablemente leyendo. Y sí, envidiaba esa facilidad (generalmente) masculina para llegar a casa y tumbarse a la bartola sin ningún tipo de mala conciencia porque ya se ha trabajado o estudiado suficiente, actitud que por lo menos en mi familia era religiosamente respetada cuando se trataba de ellos, pero afeada en mí, que había nacido para sustituir a una madre en todas sus (esclavas) funciones. Curiosamente, mi madre se sentía orgullosa de mí por otras razones. Nunca se dio cuenta de que esas cosas de las que se sentía orgullosa solo eran posibles porque no quise aceptar sus cargas.

Así que, en honor a ella y a todas las mujeres trabajadoras del mundo mundial, celebré el Día de la Mujer Trabajadora de la mejor forma que se me ocurrió: haciendo el vago todo el día.

viernes, 7 de marzo de 2008

teolindo


La primera vez que Teolindo García entró en la tienda, se me antojó una momia peruana que con boina incluida no pasaba de 1.50 m. Estaba jubilado y no tenía nada mejor que hacer durante el día que entrar a darme una conversación que yo no le había pedido. Yo sí tenía cosas mejores que hacer, pero eso a él parecía no importarle. Apliqué mi plan B, las indirectas, pero Teolindo era absolutamente impermeable a ellas: alguien tiene trabajo y otro alguien no le deja hacerlo, a alguien le importan un pito las hazañas amorosas de otro alguien... Inútiles ambos, tanto Teolindo como mi plan B.

Si estaba aburrido y entraba algún otro cliente, se le acercaba como quien no quiere la cosa y le preguntaba la hora. El otro, despreocupadamente, miraba su reloj y se la decía. Entonces Teolindo, sacando un peaso de reloj de bolsillo, le decía:

- Pues no, no son y veinticinco, son y media. Mire, este reloj es de plata maciza -sopese, sopese- y lo llevo con la hora de Radio Nacional.
Y el otro le decía que bueno, que vale, que muy bien. Esto se lo vi hacer un montón de veces.

Un día en que estaba especialmente aburrido y no entraba ni dios, se me acercó y... me preguntó la hora. ¡No me lo podía de creer! ¡Como si no le hubiera visto nunca en acción, y ahora pretendía pillarme a mí!

- Son las doce menos cinco.
Sacó su peaso reloj de bolsillo, me dijo que eran en punto, que su reloj era de plata maciza, que lo sopesara, y que lo llevaba con la hora de Radio Nacional. Bueno, vale, muy bien. Pasaron cinco largos minutos y empezaron a sonar las campanas de las doce de la iglesia de Belén. Entonces, con expresión triunfante, me dijo:

- ¿Lo ves? Las doce en punto.

jueves, 6 de marzo de 2008

las recetas de Roland

El bobo adornado
Coja un bobo, desnúdelo, búrlese de él. Déle unas patadas, mátelo, córtelo en trozos de igual grosor y póngalo en una marmita junto con un buen pedazo de mantequilla, sal, pimienta, especias, ajos y perejil picado. Déjelo soasarse bien y añada un chorrito de vino blanco y un poco de caldo. Cuando el bobo empiece a hervir, retírelo del fuego y sírvalo bien adornado. Cómaselo discretamente hablando de alguna otra persona.

Enamorados desenamorados
Separe a dos enamorados. Ponga en una olla un trozo de mantequilla del tamaño de un bebé. Cuando la mantequilla esté caliente, mate a los enamorados deshechos en lágrimas, vacíelos, y después póngalos a cocer juntos. Cuando hayan adquirido una bonita palidez, retírelos. Haga un caldo con harina y mantequilla, sal, pimienta, un ramito de muguete (si es temporada), tomillo y laurel. Vuelva a echar a los enamorados en la olla con una docena de cebollitas tiernas, y quince minutos antes de servir, añada unos cuantos champiñones. Se pueden agregar unos golpes y unas cuantas heridas.

Mamá a las rosas blancas
Bese a mamá en las dos mejillas y luego córtela en dos; échela en agua hirviendo; quítele la cabeza que sonríe bondadosamente -podría estropearle el apetito-, la columna vertebral y todos los huesos que pueda. Prepare las patatas cocidas y cortadas en rodajas que pondrá en una ensaladera. Mézclelas con pequeños cachitos de su mamá, y alíñelo todo con aceite de oliva en el momento de servir. No se olvide de poner unas rosas blancas debajo del plato: protegerán el mantel y, además, a su mamá le gustaban tanto...
de La cocina caníbal, de Roland Topor

martes, 4 de marzo de 2008

más de mil

Una noche más, ella esperaba arrodillada en la cámara de Schahriar, mirando hacia la puerta, su llegada. Pero esa no era una noche como las demás. Cada tarde, durante el baño, ella cerraba los ojos a la calidez y a los perfumes del agua y las historias revoloteaban ante sus ojos como pájaros revoltosos. No tenía más que levantar la mano estirando el índice hasta que uno de ellos se posara en él y la mirara a los ojos. Era la historia que contaría esa noche. Pero la tarde de esa desgraciada noche ningún pájaro revoloteó a su alrededor. Scherezada estaba sola y sus historias se habían secado. Incluso prohibió la entrada a la cámara a su hermana pequeña Doniazada, que solía esperar pacientemente bajo la cama a que Schahriar y Scherezada acabaran de hacer el amor para poder escuchar sus historias.

Cuando Schahriar llegó, ella le ofreció como siempre una copa de su licor preferido, melocotón y menta fresca. Como cada noche. Pero él se dio cuenta de que algo había cambiado. Tanto insistió que Scherezada no tuvo más remedio que reconocer que, tantas noches después, ya no tenía nada que contar, y bajando la cabeza se apartó la cabellera para dejar al descubierto su cuello. Schahriar lo acarició, levantó su cara tomándola de la barbilla y le pidió que le hablara de ella. Y Scherezada habló. Le contó cómo de pequeña se escondía entre los ricos almohadones de colores de su padre el visir para escuchar las historias que su madre le contaba. De cómo la convenció de que se ofreciera durante una noche al gran sultán. De cómo, durante esos cientos de noches, gestó en su vientre y parió a dos hijos que Schahriar ni siquiera conocía. Él ungió su frente con perfume y la besó. Y justo en ese momento, Scherezada supo que su cabeza no rodaría al amanecer, ni en ninguno de los amaneceres que siguieran.

sábado, 1 de marzo de 2008

bitúrico

Ese iba a ser el nombre de nuestro bar. Lo teníamos todo pensado, diseñado, dibujado en alzado, en planta, en perspectiva caballera e incluso en perspectiva damera. Antes de que a nadie en Barcelona se le hubiera ocurrido poner un bar en una iglesia desacralizada (como el Batikano) a nosotras ya se nos había ocurrido. Lo único que nos faltaba era el capital. Y aún nos falta. Pero la planta de cruz latina, el ábside, las capillas laterales, la pila bautismal, el púlpito... Tal vez era nuestra forma de vengarnos de la educación monjil que habíamos recibido y que, gracias a Dios, superamos con una relativa facilidad. No todas tuvieron la misma suerte.

La capilla más lograda era sin duda la de Janis Joplin y Lou Reed. Lou estaba de cristo crucificado clavado con jeringuillas, con la cara del Transformer, ojeras y rimmel corrido, el torso pechopollo desnudo y pantalones de polipiel. A sus jeringuizados pies, Janis se lamentaba con desesperación, con la boca entreabierta y los dedos crispados.

La capilla de los Stones estaba cantada: una mezcla de santa cena y orgía bisexual glam. A Hendrix le teníamos expulsando a los mercaderes del templo a golpes de stratocaster, mientras que Patti Smith, vestida de blanco y negro, ejercía de dolorosa con un enorme corazón atravesado por siete espadas. Y Daltrey en tejanos ascendiendo a unos cielos tan azules como sus ojos bajo la atenta mirada de los discípulos. Dios no pudo con nuestra alma, pero sí con nuestra estética.