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sábado, 2 de julio de 2011

pennywise

"El payaso -dijo Hagarty-, parecía una mezcla de Ronald Mcdonald y Bozo, aquel viejo payaso de la tele"; al menos, eso pensó en un principio. Eran los mechones color naranja los que le llevaban a esa comparación. Pero más tarde, al pensarlo mejor, se dijo que el payaso no se parecía a ninguno de aquellos dos. La sonrisa pintada sobre el maquillaje blanco no era color naranja sino rojo, y sus ojos despedían un extraño brillo plateado. Lentes de contacto, quizá... Pero una parte de él había pensado entonces, y seguía pensando, que tal vez aquellos ojos eran realmente color de plata. Llevaba un traje abolsado, con grandes botones color naranja. En las manos llevaba guantes de caricatura.
-Si necesitas ayuda, Don -dijo el payaso-, puedes coger un globo.
Y le ofreció el manojo que tenía en una mano.
- Aquí abajo todos flotamos. Muy pronto, tu amigo también flotará.

Eso, Stephen King

miércoles, 16 de febrero de 2011

ocho


Soy negra, brillante, perfecta en mi simetría. Soy la última, casi líquida, el infinito en vertical. Soy la geometría en movimiento, la que incide y se refleja. Soy el centro del triángulo, soy la luna nueva y el planeta oscuro. Soy Black Betty, Catwoman, Cleopatra Jones. Soy la antesala de la muerte esférica, mágica, la gota que colma el vaso. Soy una, soy ocho y soy diez millones. No es vuestra voluntad lo que me mueve, soy yo quien rige vuestro destino. Yo soy la bola número ocho.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

rosslyn


Era tanta la ambición de eternidad del conde que el maestro masón estaba seguro de que no bastaría con toda su vida para culminar la magna obra. Empleó horas, días, semanas en largas conversaciones sobre notas, claves y octavas con el maestro músico y llegó a olvidarse completamente del pilar hasta que el conde, irritado porque sentía cerca a la parca, se lo recordó.

Podría haberle dicho que no se sentía con fuerzas, que las piedras le estaban chupando la vida, pero pensó que le sentaría bien perder de vista durante algunas semanas los muros de Rosslyn y viajó a Roma en busca de una columna bellísima que recordaba de un viaje de juventud.

Y mientras el maestro masón estaba en Roma dibujando bocetos de aquella magnífica columna, su aprendiz, que habíase quedado en Rosslyn, tuvo una revelación y esculpió el pilar en una sola noche. Cuando el maestro masón regresó, vio la columna y cayó al suelo de rodillas. Tanta belleza, y no había sido él su autor, sino ese advenedizo, esa serpiente a la que había cuidado y enseñado desde que era un niño… Así que tomó un mazo y golpeó al aprendiz hasta la muerte. Después, arrepentido, se esculpió a sí mismo en la esquina opuesta al pilar para admirar eternamente la obra de su discípulo. Y para pedirle perdón.

Con el paso de los siglos, ya nadie se fija en esas pequeñas manchas oscuras casi imperceptibles que hay en la base del Pilar del Aprendiz. En cambio, los peregrinos se quedan embobados con los 213 pequeños bloques de enigmáticos diseños geométricos y con el ángel. Enigmáticos hasta el año 2007 de Nuestro Señor...

martes, 9 de noviembre de 2010

red universe



Un bonito cielo estrellado, un bonito paisaje… Uno puede caminar, meditar, volar y dejarse caer suavemente en el pequeño universo de la Red Interactive Agency. Solo hay que escoger un personaje, un nombre, y se puede incluso chatear con los ocasionales paseantes. Y después tal vez encuentren la inspiración para hacer esculturas con libros o componer algo de música. Lo que no hay es luna, por lo menos yo no la he visto…
Ah, y aquí está el blog del administrador del invento, Romar, con un montón de truquitos divertidos.

martes, 26 de octubre de 2010

torcido



Encontré aquel grabado en la calle tirado junto a un contenedor. Era un grabado oscuro, una maraña aparentemente indiscriminada de sombras y tramas, pero pensé que quedaría bien en el comedor ante el espejo grande. Al llegar a casa lo colgué. Parecía estar recto, pero al mirar su reflejo en el espejo se veía claramente torcido. Lo reajusté una y otra vez usando una cinta métrica y masilla para fijar el marco. Calculé con exactitud las medidas del cuadro y la pared hasta que quedó perfectamente paralelo al friso del techo y al zócalo del suelo. De reojo miré su reflejo en el espejo: seguía torcido.

Cuando venía alguien a casa, con cualquier excusa le preguntaba si le parecía que el cuadro estaba torcido, e invariablemente me respondían que no, que estaba perfecto. Lo decían para tranquilizarme, porque yo sabía bien que no era así.

¿Y si la culpa era del espejo? Lo incliné a derecha e izquierda, pero lo único que conseguí es que tanto el reflejo como su imagen original parecieran igual de torcidos. La que estaba torcida debía ser la casa. En mis febriles sueños veía líneas continuas, discontinuas y punteadas que se dirigían a un punto de fuga en un horizonte obscenamente inclinado. Tras consultar con arquitectos, delineantes y geómetras en vano, ya empezaba a sentirme tan torcido o más que el puto cuadro.

Acabé dejando el grabado en el mismo lugar en que lo encontré, apoyado cuidadosamente en el suelo junto al contenedor. Un borracho dejó de rebuscar en la basura para ver qué era lo que yo acababa de tirar. Mientras estudiaba el cuadro para valorarlo ladeaba exageradamente la cabeza. Jódete, pensé. Al día siguiente, para llenar ese hueco que me obsesionaba, colgué otro espejo. Redondo.

domingo, 17 de octubre de 2010

longplayer



¿Qué empezó la medianoche del 1 de enero de 2000 y durará hasta el 31 de diciembre de 2999? Pues una canción que suena en un antiguo faro de Londres. Una canción sosita, todo hay que decirlo, interpretada con un instrumento musical tibetano llamado ring gong, que algunos traducen al castellano como tazón cantador. El padre del proyecto LongPlayer es Jem Finer, y entre algunos de sus padrinos se encuentra Brian Eno. No sé cuánto habrá costado el proyecto y supongo que debe tener su aquel visitar el faro y escuchar las vibraciones un día de lluvia, pero la pregunta que se me ocurre ahora mismo es: ¿era necesario? Ya puestos, me parecen más ingeniosos el órgano marino de Zadar, aunque la musiquilla resulta algo molesta, o el Ringing singing tree de Burnley, digno de la banda sonora de una película de terror.

sábado, 9 de octubre de 2010

ana somnia


Anasomnia podría ser una palabra de raíz griega que significara la negación del sueño o una disfunción de la glándula que mantiene a raya las pesadillas. En catalán podría ser Anna somnia, Ana sueña. Anasomnia podría ser también el nombre de una enigmática zarevna de largos cabellos con un vestido diseñado por Klimt salida de algún cuento de hadas ruso. Pero en realidad, se trata de una niña de inquietantes ojos oscuros que nos pide que apaguemos la luz para poder mostrarnos sus sueños.

Modo de empleo: abra la ventana, encienda los altavoces del ordenador, apague la luz de su habitación y por último, apague la de la habitación de Ana Somnia. Felices pesadillas.

domingo, 3 de octubre de 2010

teteraedro


Russell tomó como metáfora una tetera. Podría haber tomado un plato sopero, una cuchara o una huevera, pero no: pensó en una tetera. ¿Casualidad? Tal vez sí, la misma casualidad que hizo que Martin Newell adoptara una tetera como punto de partida para sus estudios sobre tridimensionalidad, una figura que simboliza el desarrollo de los gráficos informáticos y que ha formado parte de las librerías de documentación informática durante años. La tetera de Utah se ha convertido en una leyenda para todos los informáticos del mundo, y el círculo se ha cerrado añadiéndola a los sólidos de Platón con el nombre de teteraedro. No se preocupe, Sr. Platón, que no le tendremos en cuenta el olvido. Pero para la próxima, esmérese más.

viernes, 17 de septiembre de 2010

la locura de las hormigas



En algún momento la glándula inadecuada secreta la hormona equivocada y el individuo enloquece. La locura es contagiosa y los demás individuos se van sumando a la danza mortal, a la espiral en movimiento, al vórtex del agotamiento y a la asfixia. Como el baile de San Vito, como la madrastra de Blancanieves con sus zapatos al rojo vivo. Totentanz.

lunes, 6 de septiembre de 2010

stöer, escher, bach


Todos creemos saber qué diferencia hay entre inspirarse en algo, copiarlo o plagiarlo. Pero… ¿dónde están exactamente los límites? ¿Acaso no puede una persona llegar a la misma conclusión que otra sin haber tenido conocimiento de sus descubrimientos? ¿Es menos válida la obra de un alguien por “parecerse” a la de otro alguien de quien ni siquiera había oído hablar?

Sr. Escher (1898-1972), vale que en su época no existía internet, pero recuerde que está usted bajo juramento. ¿Insiste en que nunca jamás había oído hablar del Sr. Lorentz Stöer (1537-1621), ni tenía conocimiento alguno de sus obras? ¿Eh? Y ahora, pónganle el sonido que quieran.

sábado, 7 de agosto de 2010

cuidaré de ellas


Cuántas cosas pasamos tú y yo juntos, hijo de puta. En cuántas ocasiones le vimos la cara a la muerte y pudimos contarlo. Cuántas veces nos salvamos la vida el uno al otro. ¿Recuerdas aquella vez que le rajé la garganta a ese moro cabrón tan limpia y silenciosamente como nos habían enseñado? Por la espalda, levantándole con la izquierda la barbilla y corte de oreja a oreja con la derecha. Esperar unos segundos y en cuanto las piernas flojeen, ir dejándolo en el suelo boca abajo como un títere con los hilos cortados. Limpio. Silencioso. Ni un grito, ni una gota de sangre sobre mí. Lástima que la puta de su mujer nos sorprendiera y empezara a gritar como una loca alertando a los vecinos. ¿Tienes idea de qué nos habrían hecho si nos hubieran pillado? Bárbaros, chusma, animales…
En el fondo no me sorprende que te suicidaras. Eras una buena persona, demasiado para llevar uniforme. Yo soy de otra pasta. Tú me dabas paz y yo te libraba de los líos en que te metías por haber tomado una copa de más. No pasa día en que no te recuerde con la pistola en la boca. Te la sacaste un momento, el tiempo justo para decirme “Cuida de ellas, júrame que cuidarás de ellas” con la foto de tu mujer y tu hija en la mano. Después te la volviste a meter en la boca y apretaste el gatillo.
Limpié la sangre de la fotografía y, aunque tú ya no pudiste oírme porque tus sesos estaban resbalando lentamente pared abajo, hice el juramento. Y lo he cumplido.
Tu mujer te lloró mucho, te quería de verdad. Por su propio bien, para que pasara página, le ordené que dejara de mirar tu foto cada noche y, como te juré, cuido de ella. Y cada noche después de hacerla feliz como tú habrías hecho, voy a acunar a mi pequeña. Sí, ahora es mi pequeña. Tendrías que verla, ya es toda una mujercita. Con esas falditas cortas y ajustadas de color rosa y violeta que apenas cubren sus braguitas de Hello Kitty, con esos tops que sus tetitas aún no llenan por completo. A veces necesita un poco de mano dura, ya sabes lo rebeldes que pueden ser los niños, pero sé que con los años me lo agradecerá. Bueno, te dejo, mi niña me está llamando para que la acompañe al lavabo a hacer pipí. Después la lavaré bien, la pondré en mi regazo y jugaremos a piedra, papel o tijera. No sufras por ellas, no permitiré que se les acerque ningún indeseable. Te veré en el infierno, compañero.

miércoles, 21 de julio de 2010

ojos


Tengo dos despertadores en mi mesita de noche, uno para que suene a menos cuarto y el otro en punto. Uno es pequeñito y cuadrado, negro. El otro es grande y redondo, plateado. Dos esferas blancas que me observan mientras duermo. Me despierto cada mañana antes de que suenen y les cierro los ojos como se hace con los que mueren con los ojos abiertos, y cada noche antes de acostarme se los vuelvo a abrir. Mi mesita de noche tiene ojos.

sábado, 3 de julio de 2010

imaginación


¿Tienes una imaginación activa? ¿Sí? ¿En serio?
Intenta pensar en un elefante. Ahora piensa en otro. Reconócelo, es el mismo elefante dos veces, ¿no? Y se llama Pepe, ¿a que sí? Tranquilo. Si juegas con estas líneas irregulares te imaginarás elefantes de formas raras con cualquier nombre en cualquier momento.
Clícame para usar mi imaginación.


…No se me ocurre nada, lo siento. Mejor muéstrame la tuya.

sábado, 12 de junio de 2010

irracional, trascendente


Voy a amar a solas, deprimido
no sabrán jamás que sueño hallarte,
perímetro difícil, escondido
que en mis neuronas late...
Oscuro el camino para ver
los secretos que tú ocultas
¿hallarlos podré?

sábado, 29 de mayo de 2010

mike


A Helen, su cuñada, la parte del pollo que más le gustaba roer era el cuello. Así que para celebrar su cumpleaños, Lloyd cogió el hacha y decapitó a Mike por la base del cráneo. Al día siguiente, cuando volvió al granero para desplumarlo, vio a Mike durmiendo con la… uh… con el cuello bajo el ala. Estaba vivo. Vio en ello una señal divina y con un cuentagotas se dedicó a darle agua y grano. Hasta un día en que el esófago de Mike se obturó y Lloyd no estaba allí para despejárselo con su cuentagotas como ya había hecho otras veces. Mike vivió 18 meses sin darse cuenta de que no tenía cabeza. Todo un récord para un pollo pero no para un ser humano: los hay que han sido capaces de vivir sin cabeza toda su vida.

jueves, 25 de marzo de 2010

christian


En una taberna de mala muerte de Leipzig, Christian bebía una copa tras otra de goldwasser. Se suponía que estaba celebrando su cátedra de geometría, pero no estaba muy contento. Miraba a través del cristal de la botella esos pequeños conglomerados dorados y pensaba en Fleury y su algoritmo, con el que se construye un camino euleriano cerrado en un grafo euleriano, en Virchow y su axioma, según el cual toda célula procede de otra célula, en Lasswell y su paradigma, quién dice qué a quién a través de qué canal y con qué efectos, en Russell y su paradoja sobre el conjunto de los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos, en Möbius y su banda… Y Kummer, él sí que sabía, con su función, su anillo, su suma, y sobre todo, su superficie.

Y Christian, ¿qué tenía que fuera suyo? ¿A qué había dado nombre? En eso pensaba sin dejar de mirar las chispitas doradas de la botella


miércoles, 17 de febrero de 2010

precuela (y III)

Parte I
Parte II

Suspendida en el cielo, una inmensa cabeza de bebé me miraba enfurruñada. Un rayo cayó apenas a un palmo de mí. “¡Suéltale! ¡Polster, suéltale!”, me gritaban los otros. Solté al conejo. El bebé sonrió plácidamente y desapareció.

Volví a entrar en la nave, pulsé el botón rojo y apuré la crema rosa de un trago. Sabía asquerosamente dulce. Tinker se había puesto el mono violeta, Dipstein el verde y Lanning el amarillo. Tenían un aspecto realmente ridículo.

- Vamos, póntelo –dijo Dipstein alcanzándome el mono rojo.
Me negué.

Los días pasan lentos y plácidos. En este planeta verde nunca llueve, nunca es de noche, nunca hace frío. Un pequeño robot con ruedas se ocupa de la limpieza. Casi sin darnos cuenta hemos ido perdiendo la capacidad de razonar, hasta de hablar a excepción de algunos infantiles balbuceos. Estamos engordando. A veces me entra la melancolía y echo de menos la Tierra, la gente. A veces salen de entre la hierba unos altavoces en forma de periscopio por los que se oye música. A veces nos entran ganas de bailar y bailamos estúpidas danzas bajo la atenta mirada de los conejos.

Un día, al fin, al despertar me puse el mono rojo y salí fuera de la nave. Los otros me estaban esperando. Sonrieron al verme y nos fundimos los cuatro en un estrecho abrazo mientras la inmensa cabeza de bebé nos observaba desde lo alto con una inmensa, siniestra, sonrisa.

martes, 16 de febrero de 2010

precuela (II)


- ¿Pero cuánto tiempo hemos estado mirando el puto molinillo?

De repente pensé en la nave y eché a correr sin mirar si los demás me seguían. Al verla, caí de rodillas sobre el suelo. Dos conejitos grises se acercaron a olfatearme y les aparté de una patada. Un trueno retumbó a través del cielo azul. La nave estaba completamente cubierta de hierba, integrada en el paisaje como una colina. Solo se veían la puerta y algunas ventanillas.

Entré. Todos los sistemas de control estaban inutilizados, excepto el mantenimiento básico. No había armas, ni trajes, ni comida. Encima de cada una de nuestras cabinas de sueño había un mono de distinto color: violeta, verde, amarillo y rojo.

- Evidentemente, no estamos solos. Alguien ha estado aquí mientras el molinillo nos… nos hipnotizaba.

Entonces Dipstein reparó en una extraña máquina. Tenía un enorme botón rojo en un extremo. Se dirigió hacia ella. Para cuando le grité que no lo pulsara, ya lo había hecho. Una crema de color rosa fluyó de un orificio y fue a parar a una taza verde. Dipstein la cogió y se la acercó a la boca.

- No lo hagas, –le dije- no sabemos de qué está hecha y tampoco podemos analizarla.
- Querido amigo, tengo hambre. Y si quien sea nos hubiera querido muertos ya lo estaríamos, ¿no te parece?

Dio un sorbo, paladeó y sonrió. “Es muy dulce”, dijo. Los otros cogieron tazas y comieron también, pero yo no quise. A saber los efectos que podía tener ese mejunje en nuestros organismos.

- Haced lo que os dé la gana, que yo esta noche pienso cenar conejo asado.

Salí fuera. Esos bichos eran tan estúpidos que, en cuanto me arrodillé y alargué la mano, dos de ellos se me acercaron confiadamente. Agarré a uno por las orejas y, cuando iba a romperle el cuello, una potentísima luz me deslumbró. Miré hacia arriba y… no podía creerlo.

(continuará...)

lunes, 15 de febrero de 2010

precuela (I)


Visto desde el espacio el planeta parecía una perla verde, aterciopelada, acercándose a nosotros a toda prisa. Después vino el impacto y perdimos a Wolowitz.

Tinker, Dipstein, Lanning y yo salimos de la nave humeante tambaleándonos, apoyándonos unos con otros. Ante nosotros, una gran explanada de hierba y flores de todos los colores bajo un cielo azul con nubes blancas. Nos miramos sorprendidos: no solo parecía la Tierra, es que parecía mejor... El choque nos había dejado tan aturdidos que, cuando fui a quitarme el casco, nadie me lo impidió. ¡Aire! Lo respiré tan profundamente que los pulmones me dolieron por el esfuerzo. Algo pequeño, gris y peludo salió por detrás de un matorral. Era un conejo, que nos miraba con curiosidad.

- Podéis quitaros los cascos. Parece un buen lugar. Comamos, descansemos y después enterraremos a Wolowitz e intentaremos arreglar las comunicaciones. Pero no os confiéis, puede que este planeta no sea tan acogedor como parece.

La tierra bajo la hierba era blanda y no nos costó ningún esfuerzo cavar la tumba. Después la vimos allí, en el horizonte: una estructura metálica, una especie de antena. Nos acercamos lentamente. Tenía un molinillo en lo alto. De repente se levantó una brisa suave y el molinillo empezó a girar, a girar, a girar, a girar, a girar... desprendía un polvillo brillante y rosado. Después la brisa se detuvo, y el molinillo también.

- ¿Qué coño ha sido eso?
Me giré para responder a Dipstein y vi que su uniforme estaba sucio y hecho jirones, igual que el de los demás. A nuestra espalda no estaba la tumba que acabábamos de cavar, solo un abultamiento casi imperceptible cubierto de hierba, y las palas habían desaparecido...

(continuará...)

sábado, 6 de febrero de 2010

la puerta


La puerta era de madera pintada de esmalte blanco satinado, con cristales gruesos grabados y traslúcidos. Separaba el recibidor del pasillo. Cuando estaba abierta, molestaba para entrar y salir del baño. Cuando estaba cerrada, de noche y a oscuras era muy fácil chocar con ella. La puerta no servía para nada, solo para molestar. Me lo dijo una vecina: “Esta puerta todos los vecinos de la finca la han quitado porque no sirve para nada, solo para molestar”. Le pedí a Wilson, el pintor, que la quitara. La dejó apoyada en la pared del pasillo. Un día mi hermano la vio allí, apoyada. Le dije: “Es que necesito más espacio, tengo que pedirle a Wilson que me haga una habitación nueva detrás”. Algunos días después la puerta estaba apoyada en la fachada de la casa, junto a la entrada, y después desapareció. Tal vez se la llevó alguien que necesitaba más espacio.
Aún ahora, cuando camino a tientas por el pasillo de noche y a oscuras, extiendo los brazos y palpo con los dedos buscando la puerta para no chocar con ella.