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viernes, 8 de octubre de 2010

como una ola



En octubre de 1814, tras un caluroso verano, Ann y Catherine faenaban en el huerto. Con la boca seca y pastosa dijo Catherine: “Ahora mismo daría cualquier cosa por una cerveza fría”. Ann se santiguó y le dijo que hay que tener mucho cuidado con lo que se desea porque podría hacerse realidad. Entonces oyeron el estallido: millón y medio de litros de cerveza arrasaron St. Giles y sus alrededores. El juez dictaminó que había sido un Acto de Dios. Un siglo después, en Boston, una ola de melaza de cuatro metros de altura arrasó las calles arrastrando cuanto encontraba a su paso. Seres humanos y animales se debatieron inútilmente hasta la muerte como moscas atrapadas en una pegajosa telaraña. La especial densidad de la melaza formó un mar gelatinoso que se bamboleaba de un lado a otro hinchándose y deshinchándose como el pecho de un enorme monstruo. Dicen que en las pesadas noches de verano aún hoy puede notarse en la brisa un leve y nauseabundo olor, un eco espeso y dulzón que eriza el lomo de los gatos y provoca en los perros aullidos de terror.

martes, 28 de septiembre de 2010

spaghetti harvest


En la década de los cincuenta un equipo de audaces reporteros de la BBC pasó una temporada con una familia de la Suiza italiana para rodar en exclusiva los entresijos de uno de los más complicados cultivos del mundo, el espagueti, desde la primera floración del árbol hasta la aparición del codiciado fruto. Gracias a estos precursores de Callejeros el espectador asistía atónito a uno de los secretos mejor guardados de la agricultura tradicional. ¿Y cómo es posible que todos los espagueti tengan exactamente la misma longitud? Pues gracias a la meticulosa selección generación tras generación de los especímenes mejor dotados. En caso de que deseen cultivar su propio espagueti, lo que deben hacer según Richard Dimbleby, reputada voz en off del documental, es poner un espagueti seco en una lata de salsa de tomate, y esperar lo mejor. Igual rezar también ayuda. La emisión tuvo lugar exactamente el 1 de abril de 1957.

jueves, 9 de septiembre de 2010

miau


- ¿Me estás diciendo que a partir de lo que una persona compra en el súper se puede saber qué clase de vida lleva?
- Naturalmente. Fíjate: esos adolescentes han comprado tres bolsas gigantes de patatas fritas, tres packs de latas de cerveza, dos cocacolas de 2 litros, una botella de ginebra y otra de whisky. Van a montar un fiestorro del copón.
- ¿Y esa?
- A ver... Un paquete de pasta, espinacas, queso fresco sin sal y un pack de yogures light. Operación bikini barata.
- Vale, Sherlock, ¿y esa otra?
- Veamos... Una botella de whisky, una barra de pan, un brick de leche y una lata de comida para gatos... Está clarísimo: vive sola, es alcohólica y tiene un gato.


Al llegar a casa el gato ya me estaba esperando detrás de la puerta. Solo la costumbre me impidió tropezar con él mientras se frotaba contra mis piernas al caminar. Dejé la bolsa en la cocina, cogí una taza y la llené de leche hasta la mitad. Acabé de llenarla con whisky y la puse en el suelo.
- Buen chico, buen chico, mamá sabe lo que te gusta.
Mientras el gato lamía y ronroneaba feliz, corté unas rebanadas finas de pan y cogí la lata.
- Mmmm... Atún y salmón.
Abrí la lata y con un cuchillo unté cuidadosamente el pan. Estaba realmente delicioso.

jueves, 19 de agosto de 2010

Little Boy Billy


Había una vez tres hombres de Bristol
que robaron un barco y se hicieron a la mar.
Eran Gorging Jack y Guzzling Jimmy,
y también estaba Little Boy Billy.
Habían robado una caja de galletas
y una botella grande de whisky,
pero para cuando llegaron a mar abierto
no les quedaba más que medio guisante.
Dijo Gorging Jack a Guzzling Jimmy:
“No tenemos comida, así que te comeré a ti”.
“Soy viejo y duro de roer”, dijo Guzzling Jimmy,
“mejor comámonos a Little Boy Billy”.
“Oh Little Boy Billy, te mataremos y te comeremos,
ve desabrochándote el botón de la camisa”.
“Por favor, ¿puedo antes decir las oraciones
que mi querida madre me enseñó?”
Se subió al mastelero y allí fervoroso se arrodilló.
Cuando ya iba por el undécimo mandamiento
gritó “¡Tierra a la vista! Veo Jerusalén y Madagascar…
y Norteamérica… y Sudamérica…
Anda, y también a la Armada inglesa
con el Almirante Nelson al frente”.
A Gorging Jack y a Guzzling Jimmy colgaron
y a Little Boy Billy almirante nombraron.

domingo, 1 de agosto de 2010

las mil y una formas...


...de pelar un huevo, de los de gallina, con vídeos explicativos. Ojo, que algunos de los procedimientos mostrados son extremadamente peligrosos. No intenten hacerlos en casa.


domingo, 25 de julio de 2010

bunga bangkai


- …Y me pareció simpática, así que la he invitado a la cena del jueves.
- Sí, si simpática es, pero te has metido en un jardín porque es carnívora.
- No jodas, ¿carnívora?
- Carnívora y vegana además, porque solo come hormigas rojas...
- ¡Diossss, a ver dónde encuentro yo hormigas rojas para el jueves!
- Nena, como veo que vas muy despistada te aviso: ni se te ocurra invitar a Bunga. Será muy sexy pero pa mí que no se ducha, porque huele a muerto la tía.

jueves, 22 de julio de 2010

no quería hacerle daño


Me decía cosas preciosas. Me regalaba flores y bombones. Me cuidaba. Me quería. Cocinaba para mí y cuando yo ya no podía comer ni una miga más, me servía una ración aún mayor. Yo me reía y le decía que engordaría demasiado y ya no me desearía. Lo decía convencida de que no sería así. Dios, si a veces empezaba a follarme mientras yo aún estaba rebañando el plato. No me importaba que las mujeres me miraran con desprecio por la calle ni que los hombres ni siquiera me miraran: ya sabe usted, señor juez, que a las gordas las mujeres nos miran con desprecio pero los hombres no. Simplemente no nos ven, como si no existiéramos. Pero nada de eso me importaba porque él estaba en casa esperándome con la comida recién hecha y el sexo ardiendo. Ese día fui a comprarme un bikini de rebajas. Entré en el probador con uno monísimo de color fucsia, me lo puse y… la braguita apenas se veía. El espejo del probador me devolvió la mirada de repulsión de la dependienta.
Llegué a casa sin el bikini. El plato estaba en la mesa y él estaba de pie junto a ella mirándome expectante, esperando mi opinión sobre el guiso. Le dije que no tenía hambre. Insistió en que al menos lo probara, y volví a decirle que no tenía hambre. Entonces lo dijo por primera vez. Primero bajito y después gritando. Puta gorda, dijo, puta asquerosa gorda, repitió, y después volvió a repetirlo. Yo le quería. No quería hacerle daño. No quería hacerle daño, señor juez, solo quería que se callara.

martes, 11 de mayo de 2010

fugu


Sin ella se convirtió en una catana sin mano que la blandiera, pasó de orgulloso samurai a ronin de mirada perdida. Una armadura vacía y nada más. Al acabar la representación, se dirigió al restaurante y habló un rato a solas con el cocinero.

Tarde, cuando el último cliente hubo salido del local, el cocinero presentó a Bando un plato de carne e hígado de fugu cortado en forma de crisantemo. Bando invitó al cocinero a sentarse a su lado y comer. El cocinero titubeó un instante y después se sentó. Comieron, hablaron, rieron y cantaron hasta que la parálisis entumeció sus músculos faciales. En el acuario un fugu, otra armadura vacía, les miraba fijamente mientras se asfixiaban. El hígado era de su compañera.



jueves, 3 de diciembre de 2009

huevos (a)divinos


Nunca más querrás huevos endiabladamente picantes en cuanto los hayas probado (a)divinos.


INGREDIENTES:
6 huevos
2 cucharaditas de mayonesa
Mostaza de Dijon
1 cucharadita de curry
½ cucharadita de pimentón
Sal y pimienta al gusto

Parte los huevos duros por la mitad longitudinalmente. Extrae las yemas y machácalas en un bol. Añade la mayonesa, la mostaza, el curry, el pimentón, y sal y pimienta. Mézclalo bien. Rellena los huevos con la mezcla, y enfríalos bien antes de servir.

¡Gracias, Madame Marlena! ¡Y también por el tarot!

jueves, 15 de octubre de 2009

el bebé glotón

Queridas niñas, este año estáis de enhorabuena: ¡ha nacido el Bebé Glotón! Se acabaron esos fríos biberones porque ahora ya podéis dar el pecho a vuestro bebé. “¿Y de dónde saldrá la leche?”, os preguntaréis mirando vuestros infantiles, incipientes y virginales pechos. No hay problema. Sólo tenéis que ajustaros el “sujetador” coronado con margaritas de fieltro en la posición de los pezones, y él ya sabrá lo que tiene que hacer: mover los labios para chupar, hacer ruiditos, y cuando haya mamado suficiente le sujetáis con dulzura y os obsequiará con un eructo.

Y no seáis malpensadas, queridas niñas. Que este bebé cuente con el apoyo de la Generalitat Valenciana no significa que esté emparentado con los mamones del caso Gürtel. De todas formas, nunca le deis al Bebé Glotón vuestros datos bancarios aunque os diga que es para ingresaros la prestación por maternidad. Niña prevenida vale por dos.


martes, 22 de septiembre de 2009

el hombre fuente


Hadji Ali, el hombre fuente, y mi nombre nadie lo recuerda. Hadji Ali el Regurgitador, capaz de incendiar con keroseno una maqueta y de apagarla después con agua usando tan solo el contenido de su estómago. Para estómago el mío, que tenía que soportar como podía el nauseabundo olor de sus gases y ácidos digestivos sin dejar de sonreír. Muchas quisieron ocupar mi lugar, pero ninguna podía llenarle los vasos de agua a Ali con mi rapidez y mi precisión. Hadji Ali, el hombre fuente, y mi nombre ha caído en el olvido.

viernes, 5 de junio de 2009

paella valenciana

Espero que no me echen de la Sociedad de Amigos de las Paellas de Trikki por sacrilegio paellil. Pero es que la música es tan pegadiza, suena tan sandunguero el alemán y están tan monas ellas con la bata de cola…


Paella de Valencia

jueves, 2 de abril de 2009

ave maría purísima

- Ave María purísima.
- Sin pecado concebida. Habla, hijo mío.
- Padre, yo me acuso de ser... de ser... asimétrico.
- Ser asimétrico no es ningún pecado. Todos somos criaturas de Dios...
- Pero padre, la divinidad es simétrica...
- No debes preocuparte por eso, hijo mío. Dime, ¿hay algo más de lo que quieras confesarte?
- Bueno... Tengo entendido que la gula es un pecado mortal, y yo tengo hambre, mucha hambre.
- Tampoco debes preocuparte por eso. ¿Acaso le has robado su pan al pobre para comértelo tú?
- No, eso no...
- ¿Entonces?
- Mi hambre me domina, me obliga a hacer... cosas. Cosas de las que después me arrepiento.
- La única razón detrás del pecado de la gula es que las pasiones terrenales no nos dominen en exceso. Nada más. Si sientes hambre, no es pecado alguno su simple satisfacción.
- Me alegra oír eso, padre. No sabe hasta qué punto me conforta.

El sacerdote notó algo que le hacía cosquillas. En la oscuridad del confesionario vio algo... unos hilos finos fluorescentes que pasaban a través de la rejilla y le rodeaban. No acertó a reaccionar hasta que uno de ellos se introdujo a través de su garganta impidiéndole gritar. Mientras notaba cómo esos hilos succionaban sus jugos internos, tan solo alcanzó a gorgotear algunas palabras.

- Una avemaría por tu pecado de gula... y dos... dos mil avemarías... por... asimétrico...

domingo, 15 de febrero de 2009

elijah


Elijah Page fue ejecutado el 11 de julio de 2007 en Dakota del Sur. Su última cena consistió en un bistec con salsa, jalapeños con salsa a la crema, aros de cebolla, ensalada con tomates cherry, tacos de jamón, queso rallado, tiras de beicon y salsa de roquefort y barbacoa. Para beber, té helado con limón y café, y de postre helado de chocolate.

Le ejecutaron por secuestrar con dos cómplices a un chico de 19 años y obligarle a beber ácido, golpearle y patearle repetidamente, apuñalarle en la cabeza y el torso y obligarle a meterse desnudo en un riachuelo helado. Después de tres horas de tortura le mató.

En el juicio se declaró culpable y no quiso presentar ningún recurso. Antes de la ejecución le preguntaron si quería pronunciar unas últimas palabras, y contestó que no.

lunes, 14 de julio de 2008

bendiciones de la tierra y el mar


Entrantes
Maíz relleno de caviar, salmón ahumado y erizo de mar
Tartaleta de cebolla y bulbos de azucena y ajedrea

Primer plato
Ternera de Kioto bañada en algas y condimentada con espárragos y salsa de sésamo
Tacos de atún con aguacate, salsa de soja y shiso
Sopa de almejas
Congrio con azucenas y vinagreta de soja
Langostinos
Rollitos de anguila a la plancha envueltos en bardana y boniatos
Gobio frito en aceite de soja

Entreplato
Sopa de marisco

Segundo plato
Pescado del Pacífico a la plancha con vinagreta de pimienta

Tercer plato
Cordero lechal con hierbas aromáticas, trufas negras y salsa de piñones

Postre
Tabla de quesos con miel de lavanda y frutos secos
Fantasía del G-8
Café y dulces rellenos de fruta

lunes, 16 de junio de 2008

leche


A partir de la pubertad, la maquinaria de la lactogénesis en la mujer ya está activada gracias a la prolactina, pero no será hasta que el parto reduzca el nivel de estrógeno que se ponga en marcha. Aun así, la producción de leche puede estimularse mecánicamente mediante la succión periódica del pezón, con lo cual una mujer técnicamente puede amamantar sin haber concebido nunca.

Faustina, 31 años, madre de cuatro hijos, viajaba con 16 personas más en una patera desde Santo Domingo hacia Puerto Rico. Un remolino les hizo perder el rumbo. La comida se acabó a los dos días y el agua a los cuatro. “Dios quiso que yo salvara a los demás dándoles a chupar de mis senos”. Faustina a partir del quinto día amamantó a ocho hombres y ocho mujeres, que recogían el agua de la lluvia para hidratarla y mantenerle la producción de leche. Lograron sobrevivir durante 12 días, hasta que fueron rescatados y detenidos.

sábado, 24 de mayo de 2008

miracolo


Entre los estatutos de la Universidad, en efecto, quedaba taxativamente prohibido el ingreso de mujeres. Sin embargo, por razones mucho menos relativas a los asuntos de la ciencia que a los ímpetus de la carne, era más o menos frecuente la furtiva visita de las campesinas venidas desde el fics lindero a la abadía que, de tanto en tanto, regalaban una noche de júbilo a doctores y alumnos.

Una de las formas de entrar en la Universidad -además de escalar los altos muros- era confundirse entre los muertos que, una vez a la semana, ingresaban en el carro público en la morgue. Así, ocultas debajo de un manto, permanecían quietas hasta quedar solas en el subsuelo de la morgue, donde eran recogidas por sus amantes.

En una ocasión, impaciente quizá por la larga y obligada continencia, un prestigioso doctor desvistió a una de las campesinas allí mismo, en la morgue, en medio de todos los muertos y, en el momento glorioso de una sublime fellatio, entró en el lúgubre subsuelo el párroco de la Universidad, quien momentos antes había visto entrar al "cadáver" que ahora gemía, gritaba y se revolvía. El ilustre doctor tardó un momento en advertir la presencia del deífico visitante que, absorto, miraba las esmirriadas piernas del catedrático y su no tan esmirriada verga bullente que salpicaba la proporcionada humanidad de la "difunta". Cuando, después del último estertor vio al párroco parado en el vano de la puerta, solo atinó a gritar con una mueca desorbitada:
- ¡Miracolo! ¡Miracolo! -e inmediatamente se puso a perorar acerca de su reciente confirmación de las teorías aristotélicas sobre el hálito que transportaba el semen en su caudal, que, a decir del metafísico, producía la vida. Y que, por qué no, si el semen era capaz de producir aliento vital en la materia y engendrar, cómo no habría de ser posible, por la misma razón, que resucitara a los muertos, decía mientras se acomodaba la verga -todavía un poco tiesa- debajo de las ropas. Y luego de concluir su enloquecido soliloquio, se perdió del otro lado de la puerta corriendo escaleras arriba al grito de "¡Miracolo! ¡Miracolo!".

Lo cierto es que Mateo Colón tenía sus razones para introducir mujeres en la Universidad. Y, ciertamente, las mujeres que visitaban secretamente al anatomista también tenían las suyas.

De El anatomista, Federico Andahazi

sábado, 12 de abril de 2008

la pescamorfosis


Cuando Liborio Salsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró dentro de su bañera convertido en un monstruoso pez. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza vio un vientre plano, grisáceo, dividido por una cinturita de avispa. Apoyándose en sus débiles paticas se llegó al espejo del armario. El cristal le devolvió un rostro feo de cohones con expresión de muy mala hostia, y además estaba empezando a asfixiarse.

"¿Qué me ha ocurrido?", pensó.

No era un sueño.

En esas entró su hermana y le vio. Cogió el mocho que estaba detrás de la puerta del baño y la emprendió a mochazos con el pescao gritando "¡Chúpate esta, bisho! ¡Y esta!". Al día siguiente, en el restaurante de la familia Salsa el plato del día era la bullabesa al estilo del chef.

miércoles, 12 de marzo de 2008

mi cena con andreu


-¡Ahí va, pero qué calvo estás!
-¿15 años sin vernos y esto es lo primero que me dices? Serás…
Este es uno de los más o menos ingeniosos comentarios que voy cazando al vuelo durante la fiesta del 15º Aniversario de Promoción de mis compañeros del instituto.
15 años sin vernos, y por mí podrían pasar 115 más. Me siento tan fuera de lugar como suelo sentirme en las fiestas donde no conozco a nadie. Bueno, la verdad es que los sigo viendo como aquellos adolescentes impresentables a los que empezaba a causar estragos la testosterona. No como yo. Unos han venido con trajes a medida como queriendo demostrar lo bien que les va en la vida. Otros van deliberadamente desaliñados como diciendo: “Vosotros y esta reunión me la traéis al fresco”. Y el graciosillo de la clase no ha variado su repertorio: ¿a dónde va todavía con lo de “un inglés, un francés y un español…?
Además, como que las únicas cuatro chicas que había en la clase no han venido –han hecho bien- en el cartel de la entrada habría que poner: “Promoción del 90. Fiesta sin mujeres y con cerveza caliente. Bienvenidos”.

-¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Soy Andreu.
El ex alumno que ahora me abraza con un punto más de efusividad del que me gustaría yo lo recordaba como “aquél de los ojos saltones”. Ahora se ha convertido en un Steve Buscemi de casi 30 años.
Han traído el bufet y enseguida nos vemos aprisionados entre un gentío ávido de ganchitos y croquetas congeladas. Esto nos facilita la conversación y no tardo en darme cuenta de que Andreu se ha convertido en alguien bastante ameno e interesante. Yo le hablo de mi trabajo escribiendo para revistas de gastronomía y él me dice que gracias al suyo, en una agencia de viajes, ha visto un montón de países y que ahora acaba de volver de una convención de fans de la serie Star Trek en Vancouver.
-¡No me digas que te gusta Star Trek! ¡A mí me encanta!
-Ya veo que tenemos cosas en común –sonríe Andreu.
-Pues tienes que venir un día a cenar a mi casa con Elena, mi compañera, –le digo entre dos empujones de gente que va y viene del bufet- acabo de comprarme un pack especial con los cinco primeros episodios de la primera temporada en DVD. Lleva extras y escenas inéditas. Te va a encantar.
Después de unos minutos más de conversación Andreu alega que al día siguiente tiene que de madrugar, así que anotamos nuestras señas en las agendas de nuestros móviles. Andreu se despide haciendo el saludo vulcano: la palma extendida y formando una V con los dedos tres a dos.
Al poco rato decido escabullirme, cuando uno de los camareros nos dice bastante groseramente que ha de cerrar el local mientras algunos ex alumnos intoxicados de cerveza caliente proponen a gritos acabar la noche en un bar con karaoke.

En el buzón solo encuentro facturas y ningún mensaje nuevo en el correo electrónico. Las editoriales a las que envié mi propuesta de libro sobre cocina antillana siguen sin dar señales de vida. Llevaba tecleado medio artículo sobre la caldereta menorquina cuando suena el teléfono.
-¿Sigue en pie la invitación a cenar?
-¡Andreu! Pues claro que sí. Si te va bien puedes venir esta misma noche, a eso de las nueve.
-No recuerdo si te lo comenté en la fiesta, pero es mejor que te advierta que soy vegetariano –una pausa- vegano.
-¡Ah, ningún problema, hombre! ¿A las nueve entonces?
Vuelvo al ordenador y entro en el buscador a ver si eso de vegano podría suponer algún problema. Marco la primera de las muchas páginas que aparecen y aquí consigo toda la información necesaria:
“VEGANO. Término acuñado para distinguir a los veganos de los vegetarianos. Filosofía basada en vivir exclusivamente del reino vegetal excluyendo carne, pescado, aves, huevos, miel e incluso leche animal (recurren a la leche de soja) y derivados lácteos.”
Muy claro.

Mientras estoy en la cocina preparando el primer plato, calabacitas de Veracruz (la receta de la pág. 27), Elena se ocupa de la ambientación musical (me encanta cocinar con música) y también de dejarme claro que no le entusiasma precisamente pasar una velada viendo episodios antiguos de Star Trek.
-No entiendo cómo a alguien le puede gustar esa serie tan cutre –me dice mientras abro una lata de maíz-. Se supone que están en el siglo XXIII pero llevan unos tupés que parecen maniquíes del Corte Inglés.
Está apoyada en la puerta de la cocina haciendo girar un CD de Nirvana con el dedo. Decide volver a la carga:
-Seguro que es un friki.
-Elena, no todos a los que les gusta Star Trek son unos frikis. Mírame a mí.
Por su mirada deduzco que mi comentario no ha tenido éxito.
-Y cuidado con ese CD, que se te va a caer.
-Por cierto, ¿beben alcohol los veganos? –dice señalándome las dos botellas de vino junto a la mesa del comedor.
-No le vi beber en la fiesta, claro que tampoco apetecía nada aquella cerveza caliente.
-¿Sabes si tiene novia?
-¡Uf! –resoplo mientras corto el queso fresco a dados- eso no me lo dijo. Al menos esta noche vendrá solo.
-Seguro que es un friki –sentencia Elena mientras se va a poner un CD de los Limp Bizkit.
Ahora que por fin acabó el interrogatorio puedo echar a la cazuela el quesss… ¡Un momento! ¡El queso es de origen animal!
Bajo apresuradamente a una tienda de productos naturales que hay a unas cinco travesías. Consigo llegar un par de minutos antes del cierre y compro un paquete de tofu. Servirá para sustituir el queso.
Ahora debo darme prisa con el segundo plato: berenjenas rellenas (de verduras, claro).
Corto las berenjenas a lo largo y las pongo a hervir hasta que se ven blandas. Cuando están frías les quito la pulpa –con cuidado de no romper la piel- y en una sartén sofrío dos pimientos verdes y una cebolla a pequeños trozos. Poco después añado un bote de tomate sofrito. Diez minutos después echo la pulpa de la berenjena. Sazono con sal y pimienta, remuevo y relleno las berenjenas con esta mezcla. Espolvoreo con ajo y perejil picados y pan rallado, y reservo las berenjenas sobre papel de plata en una fuente de horno para gratinarlas cinco minutos antes de servir.
Elena me demuestra que también tiene su buen corazón ayudándome a cortar y limpiar las fresas para el postre: fresas con zumo de naranja y hierbabuena picada. Las repartimos en copas y las guardamos en la nevera.
Repaso nuestra colección de CD y me pregunto qué música les gustará a los veganos. ¿Quizás Pink Floyd? Tengo el Atom Hearth Mother, aunque quizás no sea muy apropiado por la vaca de la portada.
Suena el timbre. Tras la puerta aparece un sonriente Andreu con una botella de vino en la mano –pues sí, los veganos beben- y ¡Dios mío! ¡Vestido con el uniforme rojo y negro de gala de la tripulación de Star Trek bajo la gabardina! Ahora sí que lo tengo crudo para convencer a Elena de que Andreu no es ningún friki.
Elena consigue disimular aceptablemente el shock del uniforme. Presentaciones, dos besos en la mejilla. Descorchamos la botella de vino que ha traído –un buen Ribera del Duero, al menos en esto le alabo el gusto- y ya nos hemos tomado algo más de media botella cuando nos sentamos a la mesa. Abro otra botella de vino mientras Andreu saborea las calabacitas.
-Mmmm… Tienes que darme la receta. Aunque la verdad, no estoy muy dotado para la cocina.
Andreu dedica grandes elogios a las berenjenas y acepta otra ración. Me doy cuenta de que el vino ha disminuido considerablemente y de que Andreu llena su copa una y otra vez mientras que a Elena y a mí nos es imposible seguir su ritmo.
Ya no queda ni gota de vino cuando traigo las fresas. Cuando llego a la mesa Andreu está dedicando a Elena una conferencia sobre los beneficios del veganismo. Su dicción algo pastosa me hace sospechar que el vino le está causando efecto.
-¿Tienes algún licorcito para acompañar estas estupendas fresas? –pregunta Andreu.
- ¡Claro! He comprado una botella de whisky. Ahora la traigo.
Andreu se sirve una ración de whisky en un vaso que a mí –que no tengo mucho aguante para el licor- me hubiera dejado medio grogui.
-A mí me atrae mucho todo lo relacionado con el espacio –dice señalando la carátula del DVD de Star Trek donde aparece una nave espacial. ¿Sabéis que hace dos años en lo alto de una montaña de Lanzarote tuve contacto con un grupo de extraterrestres?
Elena y yo lo miramos boquiabiertos. Antes de proseguir su relato se sirve otro generoso lingotazo de whisky.
-Era por la noche, ya me había metido en el saco de dormir –nos cuenta acercándonos su mirada vidriosa-…y me despierto rodeado por unos hombrecillos de un verde fluorescente y del tamaño de un niño de cinco años.
-¿Y no se te llevaron? –pregunta Elena con su típica expresión de “no sé como tomármelo”- ¿Cómo se dice…? ¿No te abdujeron?
-No –responde Andreu-. Se limitaron a hacerme cosquillas y se fueron. Quizás en su planeta sea una forma de contacto.

Elena simula su consternación comiendo más fresas. Andreu se escancia más whisky.
Durante el visionado de Star Trek, Andreu se dedica a imitar los sonidos de los disparos de láser (¡tzú-tzú-tzú!) y a apurar el whisky. Elena se ha quedado dormida en el sofá.
-¿Hay más whisky? –pregunta señalando la botella vacía. Bueno, la verdad es que dice algo parecido a “¿Hay báz güisgui?”.
-Me temo que solo te puedo ofrecer vino del que uso para cocinar.
-¡Pues vale!
En vista del panorama, a la una de la noche llamo a un servicio de taxis por teléfono. Andreu me ha dicho –y le creo perfectamente- que no se encuentra en condiciones de conducir. Sigue dándole al vino de cocina y Elena a los ronquidos. El taxi se está demorando.
Por fin, cerca de las dos y media de la madrugada, aparece el condenado taxi. El conductor se queda perplejo al verme con un tripulante de Star Trek que apenas puede sostenerse en pie y que intenta hacerme el saludo vulcano como despedida, pero que lo único que consigue es meterse el índice en un ojo.
-¿No me vomitará en el coche, eh? –gruñe el taxista.
- Qué va –le tranquilizo-, ya viene vomitado de casa.
Las luces del taxi se deslizan calle abajo. Vuelvo a mi piso, me siento cansadamente junto a la mesa e intento servirme un vaso de vino de cocina, pero no queda ni una gota.
Elena se despierta y se incorpora a medias mirándome con expresión confundida.
-Bueno, –le digo encogiéndome de hombros- al menos Andreu es consecuente. El whisky no es de origen animal.
Le hago el saludo vulcano antes de arrastrarme hacia la cama. Ella me corresponde para, despacio, girar la mano, bajar todos los dedos y dejar alzado solo el corazón.

jueves, 6 de marzo de 2008

las recetas de Roland

El bobo adornado
Coja un bobo, desnúdelo, búrlese de él. Déle unas patadas, mátelo, córtelo en trozos de igual grosor y póngalo en una marmita junto con un buen pedazo de mantequilla, sal, pimienta, especias, ajos y perejil picado. Déjelo soasarse bien y añada un chorrito de vino blanco y un poco de caldo. Cuando el bobo empiece a hervir, retírelo del fuego y sírvalo bien adornado. Cómaselo discretamente hablando de alguna otra persona.

Enamorados desenamorados
Separe a dos enamorados. Ponga en una olla un trozo de mantequilla del tamaño de un bebé. Cuando la mantequilla esté caliente, mate a los enamorados deshechos en lágrimas, vacíelos, y después póngalos a cocer juntos. Cuando hayan adquirido una bonita palidez, retírelos. Haga un caldo con harina y mantequilla, sal, pimienta, un ramito de muguete (si es temporada), tomillo y laurel. Vuelva a echar a los enamorados en la olla con una docena de cebollitas tiernas, y quince minutos antes de servir, añada unos cuantos champiñones. Se pueden agregar unos golpes y unas cuantas heridas.

Mamá a las rosas blancas
Bese a mamá en las dos mejillas y luego córtela en dos; échela en agua hirviendo; quítele la cabeza que sonríe bondadosamente -podría estropearle el apetito-, la columna vertebral y todos los huesos que pueda. Prepare las patatas cocidas y cortadas en rodajas que pondrá en una ensaladera. Mézclelas con pequeños cachitos de su mamá, y alíñelo todo con aceite de oliva en el momento de servir. No se olvide de poner unas rosas blancas debajo del plato: protegerán el mantel y, además, a su mamá le gustaban tanto...
de La cocina caníbal, de Roland Topor