
El elefante Jumbo (1860-1885) nació en Abisinia, y su nombre significa "hola" en swahili. Llegado al Zoológico de Londres a cambio de un rinoceronte, se hizo tan famoso que todos los niños querían montarse en su grupa, incluido Theodore Roosevelt.
El director de circo Phineas Taylor Barnum lo compró por 10.000 dólares y le embarcó en el Assyrian Monarch hacia Nueva York. Sus admiradores, deshechos en llanto, le despidieron regalándole cestas de frutas, dulces y champán para el viaje.
El 15 de septiembre de 1885, en la estación de St. Thomas, Ontario, un pequeño elefante llamado Tom Thumb estaba a punto de ser atropellado por la locomotora de un tren de mercancías. Jumbo corrió a las vías a salvar a su amigo y en el último segundo le empujó fuera de los raíles. La locomotora y dos vagones descarrilaron. Tom se salvó, pero Jumbo... antes de morir, abrazó a su cuidador con la trompa. El maquinista también murió, pero no consta si abrazó a alguien antes o no.
Barnum hizo diseccionar al elefante y donó su esqueleto al American Museum of Natural History de Nueva York. En la fiesta de entrega del esqueleto se sirvió gelatina que, según Barnum, había sido preparada con los colmillos de Jumbo triturados. Después compró a una elefanta llamada Alice y organizó un espectáculo itinerante conjuntamente con Jumbo disecado en el que se la exhibía como la "novia de luto".
En 1975 los restos de Jumbo fueron consumidos por un incendio. Se conserva un fragmento de su cola en los archivos del Tufts College y sus cenizas están guardadas en un tarro de mantequilla de cacahuete Peter Pan Crunchy de catorce onzas en el despacho de su director deportivo.
De modo que si algún día un niño repelente le pide que le dibuje un elefante, no me sea pardillo: dibújele un tarro de Peter Pan y dígale que el elefante está dentro. Después prepárele una rebanada de pan con mantequilla de cacahuete y oblíguele a comérsela.